29/12/10

“Nene, no voy a violarte le dijo NINI ” (IMPRESIONANTE RELATO)

RESUMEN . Esta es la historia de Gilberto (21), estudiante del tercer año de la carrera de Ciencias Agrarias. El vive en casa de su abuelo (que es ganadero), con su mamá y sus dos hermanos que van al secundario (su papá falleció hace años). Gilberto contó que aunque su mamá siempre le estaba presentando a hijas de ganaderos, él las rechazó siempre porque no le gustan las chicas “Barbie”, y terminó enamorándose el año pasado de Cindi, una estudiante de medicina que es hermana de un compañero de estudios de Gilberto. La chica, que vive dedicada a sus estudios y a su familia, es su novia soñada, pero “alguien” enturbió el noviazgo…
Gilberto nos dejó esperando por el final de su historia y por fin, ayer llamó. El contó que su novia Cindi es un poco mandona, pero él lo soporta todo porque la adora. Ella le dejó en claro que lo aceptaba como novio con la condición de que no debía pedirle el tener relaciones sexuales ya que ella está demasiado metida con sus estudios y no quiere caer en un embarazo no deseado. A Gilberto no le gustó la “condición” porque a él le hubiese gustado que el sexo surja en la relación en el momento adecuado y sin presiones, pero en fin, lo aceptó porque ama a la chica.
En agosto del año pasado, unos meses después de que inicien su noviazgo, al lado de la casa de Cindi se mudó una escribana divorciada apodada “Niní”. Ella tiene dos nenitos re amorosos que fueron por poco “adoptados” por la familia de Cindi, sobre todo por sus padres, y que también se ganaron el cariño de Gilberto.
Sin embargo, él trataba de mantenerse lejos de la escribana desde que ella, aparentemente en broma, le tocó la delantera. “Para mí la suerte”, le dijo y le tocó ahí.
¿GRATIS?
Como Gilberto quiso dejar las cosas en claro desde el principio con la escribana, le dijo que no le gustaban los “jueguitos” ya que tiene un noviazgo feliz. La escribana le dijo que “cuando una mujer adulta y ya con hijos como ella, te ofrece algo, es gratis, es regalado, no te cobra nada”.
Horas después de que esta conversación haya tenido lugar en la puerta de la casa de la escribana, uno de sus chicos llamó a la suegra de Gilberto llorando y le dijo que su mamá estaba en el suelo, en el baño, y no se despertaba, y fue el universitario quien saltó al muralla, forzó la puerta y encontró a la escribana desnuda, tirada en el baño: había tenido un coma diabético (ella ni sabía que padecía de esta enfermedad).
Llamaron una ambulancia y Gilberto la alzó en la camilla sintiéndose culpable ya que la trató mal sin necesidad: “ella es una hermosa mujer y no me hizo nada malo, ella solo se gustó de mí y eso no es un pecado”, dice él. Para recompensarla, se hizo de tiempo para llevar a sus nenes a verla en el sanatorio y cuando le dieron el alta (un sábado), fue él quien fue a buscarla: “si hubiese sabido que ibas a ser tan amoroso conmigo me hubiese enfermado a propósito”, le dijo ella.
Niní invitó a Gilberto a cenar en su casa esa noche ya que quería agradecerle sus cuidados: “es mi día de visita, le dije, y me dijo que ella le adoraba a mi novia así que le podía traer, pero que quería que yo sepa que el otro temita que teníamos juntos un día íbamos a resolver ella y yo, sin mi novia presente, y me dio un beso en los labios. Yo no pude esquivarme pero tampoco me molestó porque era un roce, nada serio, y cuando salí de ahí lo que dije es que ya no iba a hacerme problemas por eso. Más o menos pensé: que pase lo que tenga que pasar, y si no va a pasar nada, que no pase. Yo no iba a hacer nada porque cuando hice, le ofendí a ella y no quería volver a repetir mi error”, asegura.
Esa noche, cuando Gilberto ya estaba en el auto, rumbo a casa de su novia, ella lo llamó: “estaba estudiando en casa de su compañera, en Ita Enramada, y me dijo que no avanzaron nada y que prefería quedarse estudiando toda la noche, pero que podía ir a verle ahí un ratito. Fui y me sentí incómodo porque estaban realmente estudiando a full y se interrumpieron por mi culpa, entonces estuve un ratito y cuando salí de ahí le llamé a Niní”.
Gilberto le explicó que su novia no podía ir a la cena: “me dijo que no quiere ser mala pero que se alegra porque así va a tenerme solo para ella. ¿Y las criaturas?, le dije, y me dijo que se fueron con su papá: “¿no me tenés miedo, o sí?”, le dijo, y Gilberto le aseguró que no se trataba de “miedo” sino que no sabía si a sus suegros no les parecería mal que él vaya a cenar a solas con ella.
¿A ESCONDIDAS?
La escribana tuvo una idea: “me dijo si por qué no dejaba el auto a dos cuadras y venía caminando, y yo le dije que no me gustaba eso porque parecía que iba a escondidas. Como se quedó callada me dio pena dejarle con toda la cena que preparó aunque todavía estaba débil por la internación y le dije que está bien, que me espere. A los veinte minutos estuve ahí y la verdad es que me sentí como un delincuente entrando a su casa casi corriendo para que no me vea nadie de casa de mi novia”.
Niní estaba un poco pálida pero linda, según Gilberto: “preparó ensalada para ella y carne y papas al horno para mí, y fue simpático porque comimos casi en la oscuridad, solo una lámpara dejamos encendida en la cocina, y cuando nos estábamos sirviendo sonó el celu de Niní y era mi suegra, que le preguntaba cómo estaba. Ella le inventó que su hermana estaba con ella para que mi suegra no venga, y ahí recién pudimos cenar en paz. Yo estaba nervioso, intranquilo, y ella me agarró la mano y me dijo: nene, apenas puedo moverme, ni si quiero no voy a poder violarte, y eso me calmó porque me maté de risa. E l problema es que yo no sabía si quería o no quería que ahí pase algo”, asegura el muchacho.
“¿Y si me enamoré?”
Gilberto recuerda que en aquella cena con la escribana no hubo bebidas alcohólicas: “yo podía estar tranquilo porque todo estaba dentro de su límite. Nos quedamos hablando y cuando miré mi reloj ya pasaba de la medianoche, así que lavé los platos y le ayudé a ella a llegar a su cama porque me dijo que no se sentía bien. Me asustó, ya que yo me iba y se iba a quedar sola, así que fui a prepararle un tecito y cuando volví me acosté a su lado. Fue algo natural, algo que ella no me pidió y que yo tampoco pleneé hacer”.
Niní se acurrucó en su regazo: “no sabés cuándo hace que no me abraza un hombre, me dijo, y yo le dije que eso ha de ser porque ella no quiere nomás, porque es una mujer preciosa. Yo estaba poniéndome en una situación comprometida y no hice nada para salir de ahí, lo que me hace responsable de lo que pasó después, cuando ella me dio un beso en la mejilla y después buscó mi boca. No voy a negar que yo también disfruté de ese momento, y yo correspondí el beso”, asegura.
Y AL FINAL…
Convaleciente y todo, Niní no desaprovechó el momento: “como ella me dijo en algún momento, a sus 34 años y con dos criaturas ya que trajo al mundo, ella tenía otra velocidad para esas cosas, no es de las chiquilinas que va a tener miedo, que te va a echar de su lado. Ella me abrió el cierre del pantalón y me acarició y a mí me gustó esa libertad, me gustó que sienta algo y que actúe, que no se esté complicando. Yo le pregunté si podía seguir adelante, porque estaba recién salida del hospital, y ella se quitó la tanguita”.
Gilberto reconoce que tuvo sexo esa noche, con la vecina de su novia: “le hice el amor con delicadeza, y la verdad es que ella fue muy amorosa, muy atenta, y yo valoré mucho su actitud. Nos despedimos como amigos, ella me pidió que no me sienta comprometido por lo que pasó porque ella nunca me iba a meter en problemas, y así quedamos. Pero parece a propósito que desde ese momento, como si sospechase que algo pasó, mi novia comenzó a ser más atenta conmigo, más amorosa, me cuida todo el tiempo, me llama, no sé qué le pasa. Ella me pidió que tengamos nuestra primera vez y yo soy ahora el que no quiere porque estoy muy confundido con lo que siento. A veces pienso que me enamoré de Niní, y quiero estar seguro de eso antes de comprometerme en una relación íntima con mi novia”, termina diciendo el universitario. FIN DE LA HISTORIA.

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