Romina de 20 años, única hija, vivía en un mundo color de rosas hasta que todo se vino abajo: sus padres se separaron y ella decidió no perdonarles el haber destruido su hogar. Se mudó con sus abuelos. Su mamá consiguió trabajo en la Argentina y le pidió que viaje con ella, pero “Romy” se negó. Entonces fue su papá quien le informó que se casaría de nuevo, y ella rompió su tarjeta de invitación y se la tiró por la cara. En ese momento ella no podía imaginar que algo bello la esperaba al final del camino...
Romy está estudiando arquitectura por consejo de su abuelo: “En realidad lo hago para llevarle la contra a mis padres nomás, no es que me guste mucho la carrera, pero mis padres son abogados y siempre me decían que yo tenía que estudiar eso. Cuando le dije a mamá que ya estaba viviendo en Buenos Aires que no estudiaría eso se enojó mucho, y cuando le dije a papá no me habló más. Por mi está bien, en realidad ellos se interesan gua’u en mi solo por las apariencias, en realidad si les importará de verdad me apoyarían, estarían juntos cerca mío y no cada uno por su lado y lo más alejados posible el uno del otro”.
A pesar de todo el rencor que dice tener por sus padres, Romy en realidad demuestra cierto interés por ellos: “Abuela es la que siempre me chusmea sobre ellos, mamá está de novia allá y parece que le va bien y la esposa de mi papá está a punto de tenerle a mi segundo hermanito. A Albertito, el primero yo lo quiero mucho aunque no me gusta ir a visitarlo, abuela es la que lo trae a la casa y así lo veo. Yo prefiero ocuparme de mis cosas, ahora que terminaron las clases voy al gimnasio por la mañana y por la tarde hago trabajo comunitario con un grupo juvenil que está tratando de juntar comida no perecedera y juguetes para niños carenciados, así ocupo mi tiempo y de paso trato de no quebrantar tanto a mis abuelos”.
Romy admite estar saliendo con alguien desde hace un mes: “Se llama Pablo y tiene 34 años, es boliviano, pero hermoso, blanquito fino y de ojos color miel. El es el encargado del grupo juvenil con el que trabajo, cuando lo conocí quede encantada con el, igual que todas en el grupo en realidad, pero él me miraba de manera diferente. Escuché comentarios de que tenía novia, pero como él nunca dijo nada y siempre andaba solo, tampoco me preocupé al principio”.
Un sábado Romy acompañó al grupo completo a una comunidad del interior donde tenían que ayudar al equipo de limpieza y luego armar casas pre fabricadas: “almorzamos en un quincho, yo hice la ensalada y él era amable conmigo, pero hasta ahí nomás. Después del almuerzo se bailó en el quincho, y yo vine y le invité y dudó de mí. Después se levantó y le pregunté por qué no quiso al comienzo, y me dijo sos demasiado linda y eso es peligroso. Yo le miré y me sonrió, y creo que su sonrisa llegó a mi corazón”.
Después del baile, volvieron al trabajo: “Cuando terminamos eran casi las diez de la noche. Un grupo volvió esa misma noche y el otro tenía la posibilidad de quedarse en una casa quinta, era un lugar donde se hace retiros y eso, así que hay dos piezas grandes con camas de dos pisos, uno para los muchachos y otro para las chicas. Y aunque al principio iba a volver con el primer grupo, al final estaba tan cansada que le llamé a mis abuelos y les avisé que me quedaría. Yo me bañé y me acosté, y la dueña del lugar vino y nos dijo que se estaba haciendo un asadito para todos en el patiecito; no tengo hambre, le dije. Al rato escuché que me tocaban la puerta y fui a abrir como para decir que gracias, pero que prefería descansar, pero era Pablo y a él no le pude decir que no”.
Esa noche, comiendo asado con sus compañeros y riendo con ellos, Romy se sintió diferente: “por primera vez en mi vida me sentí joven, tranquila, sentí que desperdicié mucho mi vida sintiendo rencor y amargándome de pasó por cosas que no tenían solución y que se me estaba dando la oportunidad de cambiar eso. Al final me quedé sola con Pablo, hablamos un poco, me preguntó si estaba a gusto con el grupo y otras cosas, de repente me pregunta si tengo novio y le dije que no, y él me dijo que soy una chica muy especial, y que seguramente nadie nomás se dio cuenta de eso, que por eso estoy solita”.
LA NOVIA
El lunes hubo una reunión del grupo juvenil: “Cuando la reunión terminó, Pablo me llamó y me dio una caja de bombones. Me dijo que era para endulzarme el día y por haber hecho tanto esfuerzo ese fin de semana, yo simplemente agarré la cajita y le di un beso en la mejilla. En ese momento lo que vi es que alguien abría la puerta y venía encima de él, y demasiado grande me asusté”.
Era la novia de Pablo: “le comenzó a retar, a llamarle mujeriego, le quiso pegar y él le agarró la mano, entonces se quiso lanzar contra mí y él le sacó afuera. Demasiado grande me asusté, y un buen rato después él volvió y me dijo parece que te debo una explicación, y yo le abracé sin saber por qué. Fue algo muy espontáneo”, asegura.
“Me acarició el pelo”
Pablo se sentía culpable por la escena que le hizo vivir a Romina, aunque en realidad quien armó el escándalo fue la novia: “salimos en el corredor, nos sentamos en la gradita y él me dijo que tuvo una charla definitiva con la chica, que en ese momento rompieron y que para él es muy difícil todo porque llevaban juntos 5 años y que hasta ya tenían planes de casarse. Me dijo que de todos modos estaba pensando seriamente en romper el compromiso, primero por el mal carácter de ella y segundo porque había conocido a alguien especial que le estaba moviendo el piso. Yo no le dije nada, él me gustaba mucho, pero tampoco le pregunte quién era esa persona”.
A partir de ese momento Pablo se acercó más a Romy: “Nosotros siempre bromeábamos, él a veces me acompañaba a casa, conoció un día a mis abuelos, pero nosotros éramos amigos nomás. Un día estábamos terminando una reunión del grupo cuando me dijo ¿por qué no caminamos? Estaba muy serio, me di cuenta que no me quería decir nada frente a los demás, así que salimos. Me dijo que yo era una persona muy especial para él, que no me quería lastimar, que me quería mucho y yo dije, nde, este me va decir con quien anda ahora y me va cortar de una, antes de empezar por ahí. Pero no, me miró y me di cuenta que si yo no hacía algo en ese momento él no iba a hacer tampoco, así que le abracé de golpe, me jugué y le dije “decime nomás lo que tengas que decir de una por favor”, si estás con qlguien super bien, yo también te quiero mucho pero ya es hora de que definamos nuestra situación, somos amigos, más que amigos o qué, hijole me dije después, no sé de dónde saqué fuerzas y dije todo eso. Luego de a poco sentí su mano acariciando mi pelo y ahí le besé. Yo sentí su cara mojada, y me di cuenta que él estaba llorando. Me abrazó, se me declaró, yo le acepté y bueno, de eso hace un mes y aunque todavía nos molesta su ahora ex novia, la verdad es que estamos bien, conociéndonos mejor y espero sinceramente que con él pueda ser feliz”, termina diciendo.
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