RESUMEN . Esta es la historia de Gilberto (21), estudiante del tercer año de la carrera de Ciencias Agrarias. El vive en casa de su abuelo (que es ganadero), con su mamá y sus dos hermanos que van al secundario (su papá falleció hace años). Gilberto contó que aunque su mamá siempre le estaba presentando a hijas de ganaderos, él las rechazó siempre porque no le gustan las chicas “Barbie”, y terminó enamorándose el año pasado de Cindi, una estudiante de medicina que es hermana de un compañero de estudios de Gilberto. La chica, que vive dedicada a sus estudios y a su familia, es su novia soñada, pero “alguien” enturbió el noviazgo…
Gilberto nos dejó esperando por el final de su historia y por fin, ayer llamó. El contó que su novia Cindi es un poco mandona, pero él lo soporta todo porque la adora. Ella le dejó en claro que lo aceptaba como novio con la condición de que no debía pedirle el tener relaciones sexuales ya que ella está demasiado metida con sus estudios y no quiere caer en un embarazo no deseado. A Gilberto no le gustó la “condición” porque a él le hubiese gustado que el sexo surja en la relación en el momento adecuado y sin presiones, pero en fin, lo aceptó porque ama a la chica.
En agosto del año pasado, unos meses después de que inicien su noviazgo, al lado de la casa de Cindi se mudó una escribana divorciada apodada “Niní”. Ella tiene dos nenitos re amorosos que fueron por poco “adoptados” por la familia de Cindi, sobre todo por sus padres, y que también se ganaron el cariño de Gilberto.
Sin embargo, él trataba de mantenerse lejos de la escribana desde que ella, aparentemente en broma, le tocó la delantera. “Para mí la suerte”, le dijo y le tocó ahí.
¿GRATIS?
Como Gilberto quiso dejar las cosas en claro desde el principio con la escribana, le dijo que no le gustaban los “jueguitos” ya que tiene un noviazgo feliz. La escribana le dijo que “cuando una mujer adulta y ya con hijos como ella, te ofrece algo, es gratis, es regalado, no te cobra nada”.
Horas después de que esta conversación haya tenido lugar en la puerta de la casa de la escribana, uno de sus chicos llamó a la suegra de Gilberto llorando y le dijo que su mamá estaba en el suelo, en el baño, y no se despertaba, y fue el universitario quien saltó al muralla, forzó la puerta y encontró a la escribana desnuda, tirada en el baño: había tenido un coma diabético (ella ni sabía que padecía de esta enfermedad).
Llamaron una ambulancia y Gilberto la alzó en la camilla sintiéndose culpable ya que la trató mal sin necesidad: “ella es una hermosa mujer y no me hizo nada malo, ella solo se gustó de mí y eso no es un pecado”, dice él. Para recompensarla, se hizo de tiempo para llevar a sus nenes a verla en el sanatorio y cuando le dieron el alta (un sábado), fue él quien fue a buscarla: “si hubiese sabido que ibas a ser tan amoroso conmigo me hubiese enfermado a propósito”, le dijo ella.
Niní invitó a Gilberto a cenar en su casa esa noche ya que quería agradecerle sus cuidados: “es mi día de visita, le dije, y me dijo que ella le adoraba a mi novia así que le podía traer, pero que quería que yo sepa que el otro temita que teníamos juntos un día íbamos a resolver ella y yo, sin mi novia presente, y me dio un beso en los labios. Yo no pude esquivarme pero tampoco me molestó porque era un roce, nada serio, y cuando salí de ahí lo que dije es que ya no iba a hacerme problemas por eso. Más o menos pensé: que pase lo que tenga que pasar, y si no va a pasar nada, que no pase. Yo no iba a hacer nada porque cuando hice, le ofendí a ella y no quería volver a repetir mi error”, asegura.
Esa noche, cuando Gilberto ya estaba en el auto, rumbo a casa de su novia, ella lo llamó: “estaba estudiando en casa de su compañera, en Ita Enramada, y me dijo que no avanzaron nada y que prefería quedarse estudiando toda la noche, pero que podía ir a verle ahí un ratito. Fui y me sentí incómodo porque estaban realmente estudiando a full y se interrumpieron por mi culpa, entonces estuve un ratito y cuando salí de ahí le llamé a Niní”.
Gilberto le explicó que su novia no podía ir a la cena: “me dijo que no quiere ser mala pero que se alegra porque así va a tenerme solo para ella. ¿Y las criaturas?, le dije, y me dijo que se fueron con su papá: “¿no me tenés miedo, o sí?”, le dijo, y Gilberto le aseguró que no se trataba de “miedo” sino que no sabía si a sus suegros no les parecería mal que él vaya a cenar a solas con ella.
¿A ESCONDIDAS?
La escribana tuvo una idea: “me dijo si por qué no dejaba el auto a dos cuadras y venía caminando, y yo le dije que no me gustaba eso porque parecía que iba a escondidas. Como se quedó callada me dio pena dejarle con toda la cena que preparó aunque todavía estaba débil por la internación y le dije que está bien, que me espere. A los veinte minutos estuve ahí y la verdad es que me sentí como un delincuente entrando a su casa casi corriendo para que no me vea nadie de casa de mi novia”.
Niní estaba un poco pálida pero linda, según Gilberto: “preparó ensalada para ella y carne y papas al horno para mí, y fue simpático porque comimos casi en la oscuridad, solo una lámpara dejamos encendida en la cocina, y cuando nos estábamos sirviendo sonó el celu de Niní y era mi suegra, que le preguntaba cómo estaba. Ella le inventó que su hermana estaba con ella para que mi suegra no venga, y ahí recién pudimos cenar en paz. Yo estaba nervioso, intranquilo, y ella me agarró la mano y me dijo: nene, apenas puedo moverme, ni si quiero no voy a poder violarte, y eso me calmó porque me maté de risa. E l problema es que yo no sabía si quería o no quería que ahí pase algo”, asegura el muchacho.
“¿Y si me enamoré?”
Gilberto recuerda que en aquella cena con la escribana no hubo bebidas alcohólicas: “yo podía estar tranquilo porque todo estaba dentro de su límite. Nos quedamos hablando y cuando miré mi reloj ya pasaba de la medianoche, así que lavé los platos y le ayudé a ella a llegar a su cama porque me dijo que no se sentía bien. Me asustó, ya que yo me iba y se iba a quedar sola, así que fui a prepararle un tecito y cuando volví me acosté a su lado. Fue algo natural, algo que ella no me pidió y que yo tampoco pleneé hacer”.
Niní se acurrucó en su regazo: “no sabés cuándo hace que no me abraza un hombre, me dijo, y yo le dije que eso ha de ser porque ella no quiere nomás, porque es una mujer preciosa. Yo estaba poniéndome en una situación comprometida y no hice nada para salir de ahí, lo que me hace responsable de lo que pasó después, cuando ella me dio un beso en la mejilla y después buscó mi boca. No voy a negar que yo también disfruté de ese momento, y yo correspondí el beso”, asegura.
Y AL FINAL…
Convaleciente y todo, Niní no desaprovechó el momento: “como ella me dijo en algún momento, a sus 34 años y con dos criaturas ya que trajo al mundo, ella tenía otra velocidad para esas cosas, no es de las chiquilinas que va a tener miedo, que te va a echar de su lado. Ella me abrió el cierre del pantalón y me acarició y a mí me gustó esa libertad, me gustó que sienta algo y que actúe, que no se esté complicando. Yo le pregunté si podía seguir adelante, porque estaba recién salida del hospital, y ella se quitó la tanguita”.
Gilberto reconoce que tuvo sexo esa noche, con la vecina de su novia: “le hice el amor con delicadeza, y la verdad es que ella fue muy amorosa, muy atenta, y yo valoré mucho su actitud. Nos despedimos como amigos, ella me pidió que no me sienta comprometido por lo que pasó porque ella nunca me iba a meter en problemas, y así quedamos. Pero parece a propósito que desde ese momento, como si sospechase que algo pasó, mi novia comenzó a ser más atenta conmigo, más amorosa, me cuida todo el tiempo, me llama, no sé qué le pasa. Ella me pidió que tengamos nuestra primera vez y yo soy ahora el que no quiere porque estoy muy confundido con lo que siento. A veces pienso que me enamoré de Niní, y quiero estar seguro de eso antes de comprometerme en una relación íntima con mi novia”, termina diciendo el universitario. FIN DE LA HISTORIA.
29/12/10
24/12/10
“Mi esposa jamás se tiene que enterar...”
Después de asegurarse que tendría la protección que necesitaba para animarse a relatar los episodios que hoy forman parte de su vida secreta, un hombre que se considera afortunado por tener “la mejor mujer del mundo”, cuenta cómo cayó rendido ante los encantos de la mejor amiga de su esposa.El dice que en estos momentos camina sobre “techo de vidrio”, y que en cualquier momento todo podría descubrirse.
Alejandro V.(37) trabaja en una oficina privada, se casó hace 3 años con Lucy D.(33), tiene con ella una bebita que actualmente cuenta con diez meses, y vive con su familia en un departamento que alquilan en el barrio San Pablo de Asunción.
Lucy, la esposa de Alejandro, enseña aerobics en un gimnasio y además enseña Educación Fisica en un jardín de infantes:”De allí le vine a conocer a Leila, que es su compañera en el gimnasio.Ella es joven y despreocupada, y la verdad es que yo me dejé llevar por sus atractivos”, cuenta.
Leila C.(27) comenzó a frecuentar la casa del matrimonio a mediados del año pasado. Su tía es dueña del gimnasio donde trabaja Lucy, y ambas se hicieron tan buenas amigas, que pronto la muchacha se sumó a los asados domingueros y las salidas nocturnas: “Mi esposa y yo tomamos como única distracción salir a comer fuera los fines de semana, y como Leila nos decía que se aburría en su casa la invitamos”, cuenta Alejandro.
Para entonces Lucy, ya estaba embarazada, y entonces solía pedir a su marido que saque a bailar a su amiga porque ella no quería arriesgar al bebé: “Empezamos inocentemente, porque ni yo ni ella teníamos intenciones de llegar más lejos.Yo siempre digo que tengo la fortuna de tener la mejor mujer del mundo a mi lado, y para mí no hay nadie que le pueda igualar”, asegura.
ROMANCE
Cuando Lucy cumplió 6 meses de embarazo, tuvo una hemorragia que la apartó de su trabajo:”El médico dijo que tenía que guardar un estricto reposo porque podía tener un parto prematuro y la criatura todavía estaba en formación. Entonces Leila comenzó a pasar más tiempo en nuestra casa, y por allí surgió todo”, cuenta.
Alejandro dice que una noche de sábado en que su esposa pidió disculpas y se retiró a descansar, él se quedó solo con Leila viendo una película: “El ambiente fue lo que nos empujó, porque de repente la pelicula comenzó a subir de tono y los dos nos pusimos incómodos. Para pasar el momento yo me fui a traer cerveza, pero cuando volví me senté a su lado y le dije si me permitiría hacer algo muy loco. Ella me dijo que sí y yo la besé”, confiesa.
Antes que protestar por la actitud del esposo de su amiga, Leila le siguió el juego y fue él quien tuvo que terminarlo: “Le pedí perdón, pero yo sabía bien que era desubicado porque ella se me entregó mansita.Le dije que eso no estaba bien, que era la casa de mi esposa y que teniamos que respetar. Ella se levantó, agarró su bolso, y se fue”, recuerda.
Alejandro asegura que se apartó de Leila para evitar las tentaciones: “A mi esposa le sorprendió que cuando venía Leila yo me iba, o no participaba mucho de las reuniones. Y después también le dije que quería pasar más tiempo con ella, y que por ahí teníamos que dejar de invitarle a su amiga para que podamos tener un poco de intimidad”.
El hombre cuenta que esta actitud suya al parecer enloqueció a la muchacha, y que comenzó a ser perseguido por ella: “Una siesta le encuentro que me está esperando en el estacionamiento del trabajo.Allí ya no tuve fuerzas para luchar: Nos fuimos a un reservado y pasó lo que tenía que pasar. Era algo irremediable, porque yo sabia que eso me iba a condenar”, afirma.
Lo que más sorprendió a Alejandro es que después de aquella relación, Leila se pegó más que nunca a su esposa:”Yo comencé a tener miedo, porque ella practicamente su mudó a nuestro departamento y cuando me encontraba en el pasillo o nos cruzabamos, se me tiraba encima y me acariciaba”, confiesa.
“Estoy pagando muy caro este desliz”
Alejandro dice que su esposa es muy confiada, y que por el contrario de otras mujeres que espían las llamadas telefónicas de sus maridos y que revisan sus billeteras, ella jamás lo hizo: “ella nunca captó nada, pero cuando llegó a su último mes de embarazo comenzó a estar más delicada y entonces decidió ir a pasar en casa de mi suegra”, cuenta. El hombre confiesa que al principio se opuso a la idea, pero que cuando ella le preguntó por qué, él no encontró ninguna respuesta a mano: “¿qué le iba a decir? Yo sabía muy bien que si ella dejaba el campo libre, la otra no me iba a dejar en paz. Yo mismo le llevé a mi señora a casa de mi suegra y Leila también le acompañó”, cuenta. “Yo decidí no irme con mi señora, porque no me llevo bien con mi suegra y también porque no podíamos dejar la casa sola”. El hombre asegura que quiso zafar su relación con Leila, pero no pudo: “en esa oportunidad, aproveché para hablar seriamente con Leila. Resulta que una vez de madrugada me suena el timbre del departamento, voy y abro y le encuentro a ella.Ya que no le iba poder echar, entonces le hice pasar y le dije que teníamos que arreglar nuestro asunto. Le dije que tanto yo como ella teníamos un compromiso con Lucy, yo por ser el marido y ella por ser la esposa. Leila comenzó a llorar y me dijo que ella también sufría mucho con la situación, pero que me quería, y que no sabía que hacer. Yo creo que era sincera, y decidimos que cuando nazca la criatura le ibamos a respetar”, cuenta. Nuestro entrevistado dice que cumplieron ese pacto: “hasta el momento hemos cumplido. Ella se me quiso acercar en varias oportunidades, pero yo no le deje. No quiero perder mi familia, y ahora mismo estoy pagando caro ese desliz, porque si Leila le cuenta algo a mi señora, mi vida se va a destrozar”, termina diciendo.
Alejandro V.(37) trabaja en una oficina privada, se casó hace 3 años con Lucy D.(33), tiene con ella una bebita que actualmente cuenta con diez meses, y vive con su familia en un departamento que alquilan en el barrio San Pablo de Asunción.
Lucy, la esposa de Alejandro, enseña aerobics en un gimnasio y además enseña Educación Fisica en un jardín de infantes:”De allí le vine a conocer a Leila, que es su compañera en el gimnasio.Ella es joven y despreocupada, y la verdad es que yo me dejé llevar por sus atractivos”, cuenta.
Leila C.(27) comenzó a frecuentar la casa del matrimonio a mediados del año pasado. Su tía es dueña del gimnasio donde trabaja Lucy, y ambas se hicieron tan buenas amigas, que pronto la muchacha se sumó a los asados domingueros y las salidas nocturnas: “Mi esposa y yo tomamos como única distracción salir a comer fuera los fines de semana, y como Leila nos decía que se aburría en su casa la invitamos”, cuenta Alejandro.
Para entonces Lucy, ya estaba embarazada, y entonces solía pedir a su marido que saque a bailar a su amiga porque ella no quería arriesgar al bebé: “Empezamos inocentemente, porque ni yo ni ella teníamos intenciones de llegar más lejos.Yo siempre digo que tengo la fortuna de tener la mejor mujer del mundo a mi lado, y para mí no hay nadie que le pueda igualar”, asegura.
ROMANCE
Cuando Lucy cumplió 6 meses de embarazo, tuvo una hemorragia que la apartó de su trabajo:”El médico dijo que tenía que guardar un estricto reposo porque podía tener un parto prematuro y la criatura todavía estaba en formación. Entonces Leila comenzó a pasar más tiempo en nuestra casa, y por allí surgió todo”, cuenta.
Alejandro dice que una noche de sábado en que su esposa pidió disculpas y se retiró a descansar, él se quedó solo con Leila viendo una película: “El ambiente fue lo que nos empujó, porque de repente la pelicula comenzó a subir de tono y los dos nos pusimos incómodos. Para pasar el momento yo me fui a traer cerveza, pero cuando volví me senté a su lado y le dije si me permitiría hacer algo muy loco. Ella me dijo que sí y yo la besé”, confiesa.
Antes que protestar por la actitud del esposo de su amiga, Leila le siguió el juego y fue él quien tuvo que terminarlo: “Le pedí perdón, pero yo sabía bien que era desubicado porque ella se me entregó mansita.Le dije que eso no estaba bien, que era la casa de mi esposa y que teniamos que respetar. Ella se levantó, agarró su bolso, y se fue”, recuerda.
Alejandro asegura que se apartó de Leila para evitar las tentaciones: “A mi esposa le sorprendió que cuando venía Leila yo me iba, o no participaba mucho de las reuniones. Y después también le dije que quería pasar más tiempo con ella, y que por ahí teníamos que dejar de invitarle a su amiga para que podamos tener un poco de intimidad”.
El hombre cuenta que esta actitud suya al parecer enloqueció a la muchacha, y que comenzó a ser perseguido por ella: “Una siesta le encuentro que me está esperando en el estacionamiento del trabajo.Allí ya no tuve fuerzas para luchar: Nos fuimos a un reservado y pasó lo que tenía que pasar. Era algo irremediable, porque yo sabia que eso me iba a condenar”, afirma.
Lo que más sorprendió a Alejandro es que después de aquella relación, Leila se pegó más que nunca a su esposa:”Yo comencé a tener miedo, porque ella practicamente su mudó a nuestro departamento y cuando me encontraba en el pasillo o nos cruzabamos, se me tiraba encima y me acariciaba”, confiesa.
“Estoy pagando muy caro este desliz”
Alejandro dice que su esposa es muy confiada, y que por el contrario de otras mujeres que espían las llamadas telefónicas de sus maridos y que revisan sus billeteras, ella jamás lo hizo: “ella nunca captó nada, pero cuando llegó a su último mes de embarazo comenzó a estar más delicada y entonces decidió ir a pasar en casa de mi suegra”, cuenta. El hombre confiesa que al principio se opuso a la idea, pero que cuando ella le preguntó por qué, él no encontró ninguna respuesta a mano: “¿qué le iba a decir? Yo sabía muy bien que si ella dejaba el campo libre, la otra no me iba a dejar en paz. Yo mismo le llevé a mi señora a casa de mi suegra y Leila también le acompañó”, cuenta. “Yo decidí no irme con mi señora, porque no me llevo bien con mi suegra y también porque no podíamos dejar la casa sola”. El hombre asegura que quiso zafar su relación con Leila, pero no pudo: “en esa oportunidad, aproveché para hablar seriamente con Leila. Resulta que una vez de madrugada me suena el timbre del departamento, voy y abro y le encuentro a ella.Ya que no le iba poder echar, entonces le hice pasar y le dije que teníamos que arreglar nuestro asunto. Le dije que tanto yo como ella teníamos un compromiso con Lucy, yo por ser el marido y ella por ser la esposa. Leila comenzó a llorar y me dijo que ella también sufría mucho con la situación, pero que me quería, y que no sabía que hacer. Yo creo que era sincera, y decidimos que cuando nazca la criatura le ibamos a respetar”, cuenta. Nuestro entrevistado dice que cumplieron ese pacto: “hasta el momento hemos cumplido. Ella se me quiso acercar en varias oportunidades, pero yo no le deje. No quiero perder mi familia, y ahora mismo estoy pagando caro ese desliz, porque si Leila le cuenta algo a mi señora, mi vida se va a destrozar”, termina diciendo.
22/12/10
17/12/10
“Me trajo bombones y su novia nos pilló”
Romina de 20 años, única hija, vivía en un mundo color de rosas hasta que todo se vino abajo: sus padres se separaron y ella decidió no perdonarles el haber destruido su hogar. Se mudó con sus abuelos. Su mamá consiguió trabajo en la Argentina y le pidió que viaje con ella, pero “Romy” se negó. Entonces fue su papá quien le informó que se casaría de nuevo, y ella rompió su tarjeta de invitación y se la tiró por la cara. En ese momento ella no podía imaginar que algo bello la esperaba al final del camino...
Romy está estudiando arquitectura por consejo de su abuelo: “En realidad lo hago para llevarle la contra a mis padres nomás, no es que me guste mucho la carrera, pero mis padres son abogados y siempre me decían que yo tenía que estudiar eso. Cuando le dije a mamá que ya estaba viviendo en Buenos Aires que no estudiaría eso se enojó mucho, y cuando le dije a papá no me habló más. Por mi está bien, en realidad ellos se interesan gua’u en mi solo por las apariencias, en realidad si les importará de verdad me apoyarían, estarían juntos cerca mío y no cada uno por su lado y lo más alejados posible el uno del otro”.
A pesar de todo el rencor que dice tener por sus padres, Romy en realidad demuestra cierto interés por ellos: “Abuela es la que siempre me chusmea sobre ellos, mamá está de novia allá y parece que le va bien y la esposa de mi papá está a punto de tenerle a mi segundo hermanito. A Albertito, el primero yo lo quiero mucho aunque no me gusta ir a visitarlo, abuela es la que lo trae a la casa y así lo veo. Yo prefiero ocuparme de mis cosas, ahora que terminaron las clases voy al gimnasio por la mañana y por la tarde hago trabajo comunitario con un grupo juvenil que está tratando de juntar comida no perecedera y juguetes para niños carenciados, así ocupo mi tiempo y de paso trato de no quebrantar tanto a mis abuelos”.
Romy admite estar saliendo con alguien desde hace un mes: “Se llama Pablo y tiene 34 años, es boliviano, pero hermoso, blanquito fino y de ojos color miel. El es el encargado del grupo juvenil con el que trabajo, cuando lo conocí quede encantada con el, igual que todas en el grupo en realidad, pero él me miraba de manera diferente. Escuché comentarios de que tenía novia, pero como él nunca dijo nada y siempre andaba solo, tampoco me preocupé al principio”.
Un sábado Romy acompañó al grupo completo a una comunidad del interior donde tenían que ayudar al equipo de limpieza y luego armar casas pre fabricadas: “almorzamos en un quincho, yo hice la ensalada y él era amable conmigo, pero hasta ahí nomás. Después del almuerzo se bailó en el quincho, y yo vine y le invité y dudó de mí. Después se levantó y le pregunté por qué no quiso al comienzo, y me dijo sos demasiado linda y eso es peligroso. Yo le miré y me sonrió, y creo que su sonrisa llegó a mi corazón”.
Después del baile, volvieron al trabajo: “Cuando terminamos eran casi las diez de la noche. Un grupo volvió esa misma noche y el otro tenía la posibilidad de quedarse en una casa quinta, era un lugar donde se hace retiros y eso, así que hay dos piezas grandes con camas de dos pisos, uno para los muchachos y otro para las chicas. Y aunque al principio iba a volver con el primer grupo, al final estaba tan cansada que le llamé a mis abuelos y les avisé que me quedaría. Yo me bañé y me acosté, y la dueña del lugar vino y nos dijo que se estaba haciendo un asadito para todos en el patiecito; no tengo hambre, le dije. Al rato escuché que me tocaban la puerta y fui a abrir como para decir que gracias, pero que prefería descansar, pero era Pablo y a él no le pude decir que no”.
Esa noche, comiendo asado con sus compañeros y riendo con ellos, Romy se sintió diferente: “por primera vez en mi vida me sentí joven, tranquila, sentí que desperdicié mucho mi vida sintiendo rencor y amargándome de pasó por cosas que no tenían solución y que se me estaba dando la oportunidad de cambiar eso. Al final me quedé sola con Pablo, hablamos un poco, me preguntó si estaba a gusto con el grupo y otras cosas, de repente me pregunta si tengo novio y le dije que no, y él me dijo que soy una chica muy especial, y que seguramente nadie nomás se dio cuenta de eso, que por eso estoy solita”.
LA NOVIA
El lunes hubo una reunión del grupo juvenil: “Cuando la reunión terminó, Pablo me llamó y me dio una caja de bombones. Me dijo que era para endulzarme el día y por haber hecho tanto esfuerzo ese fin de semana, yo simplemente agarré la cajita y le di un beso en la mejilla. En ese momento lo que vi es que alguien abría la puerta y venía encima de él, y demasiado grande me asusté”.
Era la novia de Pablo: “le comenzó a retar, a llamarle mujeriego, le quiso pegar y él le agarró la mano, entonces se quiso lanzar contra mí y él le sacó afuera. Demasiado grande me asusté, y un buen rato después él volvió y me dijo parece que te debo una explicación, y yo le abracé sin saber por qué. Fue algo muy espontáneo”, asegura.
“Me acarició el pelo”
Pablo se sentía culpable por la escena que le hizo vivir a Romina, aunque en realidad quien armó el escándalo fue la novia: “salimos en el corredor, nos sentamos en la gradita y él me dijo que tuvo una charla definitiva con la chica, que en ese momento rompieron y que para él es muy difícil todo porque llevaban juntos 5 años y que hasta ya tenían planes de casarse. Me dijo que de todos modos estaba pensando seriamente en romper el compromiso, primero por el mal carácter de ella y segundo porque había conocido a alguien especial que le estaba moviendo el piso. Yo no le dije nada, él me gustaba mucho, pero tampoco le pregunte quién era esa persona”.
A partir de ese momento Pablo se acercó más a Romy: “Nosotros siempre bromeábamos, él a veces me acompañaba a casa, conoció un día a mis abuelos, pero nosotros éramos amigos nomás. Un día estábamos terminando una reunión del grupo cuando me dijo ¿por qué no caminamos? Estaba muy serio, me di cuenta que no me quería decir nada frente a los demás, así que salimos. Me dijo que yo era una persona muy especial para él, que no me quería lastimar, que me quería mucho y yo dije, nde, este me va decir con quien anda ahora y me va cortar de una, antes de empezar por ahí. Pero no, me miró y me di cuenta que si yo no hacía algo en ese momento él no iba a hacer tampoco, así que le abracé de golpe, me jugué y le dije “decime nomás lo que tengas que decir de una por favor”, si estás con qlguien super bien, yo también te quiero mucho pero ya es hora de que definamos nuestra situación, somos amigos, más que amigos o qué, hijole me dije después, no sé de dónde saqué fuerzas y dije todo eso. Luego de a poco sentí su mano acariciando mi pelo y ahí le besé. Yo sentí su cara mojada, y me di cuenta que él estaba llorando. Me abrazó, se me declaró, yo le acepté y bueno, de eso hace un mes y aunque todavía nos molesta su ahora ex novia, la verdad es que estamos bien, conociéndonos mejor y espero sinceramente que con él pueda ser feliz”, termina diciendo.
Romy está estudiando arquitectura por consejo de su abuelo: “En realidad lo hago para llevarle la contra a mis padres nomás, no es que me guste mucho la carrera, pero mis padres son abogados y siempre me decían que yo tenía que estudiar eso. Cuando le dije a mamá que ya estaba viviendo en Buenos Aires que no estudiaría eso se enojó mucho, y cuando le dije a papá no me habló más. Por mi está bien, en realidad ellos se interesan gua’u en mi solo por las apariencias, en realidad si les importará de verdad me apoyarían, estarían juntos cerca mío y no cada uno por su lado y lo más alejados posible el uno del otro”.
A pesar de todo el rencor que dice tener por sus padres, Romy en realidad demuestra cierto interés por ellos: “Abuela es la que siempre me chusmea sobre ellos, mamá está de novia allá y parece que le va bien y la esposa de mi papá está a punto de tenerle a mi segundo hermanito. A Albertito, el primero yo lo quiero mucho aunque no me gusta ir a visitarlo, abuela es la que lo trae a la casa y así lo veo. Yo prefiero ocuparme de mis cosas, ahora que terminaron las clases voy al gimnasio por la mañana y por la tarde hago trabajo comunitario con un grupo juvenil que está tratando de juntar comida no perecedera y juguetes para niños carenciados, así ocupo mi tiempo y de paso trato de no quebrantar tanto a mis abuelos”.
Romy admite estar saliendo con alguien desde hace un mes: “Se llama Pablo y tiene 34 años, es boliviano, pero hermoso, blanquito fino y de ojos color miel. El es el encargado del grupo juvenil con el que trabajo, cuando lo conocí quede encantada con el, igual que todas en el grupo en realidad, pero él me miraba de manera diferente. Escuché comentarios de que tenía novia, pero como él nunca dijo nada y siempre andaba solo, tampoco me preocupé al principio”.
Un sábado Romy acompañó al grupo completo a una comunidad del interior donde tenían que ayudar al equipo de limpieza y luego armar casas pre fabricadas: “almorzamos en un quincho, yo hice la ensalada y él era amable conmigo, pero hasta ahí nomás. Después del almuerzo se bailó en el quincho, y yo vine y le invité y dudó de mí. Después se levantó y le pregunté por qué no quiso al comienzo, y me dijo sos demasiado linda y eso es peligroso. Yo le miré y me sonrió, y creo que su sonrisa llegó a mi corazón”.
Después del baile, volvieron al trabajo: “Cuando terminamos eran casi las diez de la noche. Un grupo volvió esa misma noche y el otro tenía la posibilidad de quedarse en una casa quinta, era un lugar donde se hace retiros y eso, así que hay dos piezas grandes con camas de dos pisos, uno para los muchachos y otro para las chicas. Y aunque al principio iba a volver con el primer grupo, al final estaba tan cansada que le llamé a mis abuelos y les avisé que me quedaría. Yo me bañé y me acosté, y la dueña del lugar vino y nos dijo que se estaba haciendo un asadito para todos en el patiecito; no tengo hambre, le dije. Al rato escuché que me tocaban la puerta y fui a abrir como para decir que gracias, pero que prefería descansar, pero era Pablo y a él no le pude decir que no”.
Esa noche, comiendo asado con sus compañeros y riendo con ellos, Romy se sintió diferente: “por primera vez en mi vida me sentí joven, tranquila, sentí que desperdicié mucho mi vida sintiendo rencor y amargándome de pasó por cosas que no tenían solución y que se me estaba dando la oportunidad de cambiar eso. Al final me quedé sola con Pablo, hablamos un poco, me preguntó si estaba a gusto con el grupo y otras cosas, de repente me pregunta si tengo novio y le dije que no, y él me dijo que soy una chica muy especial, y que seguramente nadie nomás se dio cuenta de eso, que por eso estoy solita”.
LA NOVIA
El lunes hubo una reunión del grupo juvenil: “Cuando la reunión terminó, Pablo me llamó y me dio una caja de bombones. Me dijo que era para endulzarme el día y por haber hecho tanto esfuerzo ese fin de semana, yo simplemente agarré la cajita y le di un beso en la mejilla. En ese momento lo que vi es que alguien abría la puerta y venía encima de él, y demasiado grande me asusté”.
Era la novia de Pablo: “le comenzó a retar, a llamarle mujeriego, le quiso pegar y él le agarró la mano, entonces se quiso lanzar contra mí y él le sacó afuera. Demasiado grande me asusté, y un buen rato después él volvió y me dijo parece que te debo una explicación, y yo le abracé sin saber por qué. Fue algo muy espontáneo”, asegura.
“Me acarició el pelo”
Pablo se sentía culpable por la escena que le hizo vivir a Romina, aunque en realidad quien armó el escándalo fue la novia: “salimos en el corredor, nos sentamos en la gradita y él me dijo que tuvo una charla definitiva con la chica, que en ese momento rompieron y que para él es muy difícil todo porque llevaban juntos 5 años y que hasta ya tenían planes de casarse. Me dijo que de todos modos estaba pensando seriamente en romper el compromiso, primero por el mal carácter de ella y segundo porque había conocido a alguien especial que le estaba moviendo el piso. Yo no le dije nada, él me gustaba mucho, pero tampoco le pregunte quién era esa persona”.
A partir de ese momento Pablo se acercó más a Romy: “Nosotros siempre bromeábamos, él a veces me acompañaba a casa, conoció un día a mis abuelos, pero nosotros éramos amigos nomás. Un día estábamos terminando una reunión del grupo cuando me dijo ¿por qué no caminamos? Estaba muy serio, me di cuenta que no me quería decir nada frente a los demás, así que salimos. Me dijo que yo era una persona muy especial para él, que no me quería lastimar, que me quería mucho y yo dije, nde, este me va decir con quien anda ahora y me va cortar de una, antes de empezar por ahí. Pero no, me miró y me di cuenta que si yo no hacía algo en ese momento él no iba a hacer tampoco, así que le abracé de golpe, me jugué y le dije “decime nomás lo que tengas que decir de una por favor”, si estás con qlguien super bien, yo también te quiero mucho pero ya es hora de que definamos nuestra situación, somos amigos, más que amigos o qué, hijole me dije después, no sé de dónde saqué fuerzas y dije todo eso. Luego de a poco sentí su mano acariciando mi pelo y ahí le besé. Yo sentí su cara mojada, y me di cuenta que él estaba llorando. Me abrazó, se me declaró, yo le acepté y bueno, de eso hace un mes y aunque todavía nos molesta su ahora ex novia, la verdad es que estamos bien, conociéndonos mejor y espero sinceramente que con él pueda ser feliz”, termina diciendo.
13/12/10
No merezco que mi novio me perdone”
Es difícil creer que un error puede condenar por siempre a una persona, es decir, todos damos el paso equivocado alguna vez y se supone que tenemos la posibilidad de rectificar nuestros actos, de pedir disculpas si corresponde y de hacer promesas llenas de convencimiento: “No se si soy digna que me perdonen”, dice sin embargo una mujer llamada Lisa. Ella nos cuenta que fue lo que hizo.
Lisa M.(19) se casó a los 15, tuvo dos hijos, uno de ellos falleció y desde hace un año esta separada:”Me enamoré de otro hombre”, declara.Su marido se llama Fernando V. (25), y según cuenta nuestra entrevistada, no se resigna con haberlo perdido: “El me sacó a mi hija y le llevó para que viva con su mamá. Despues me dijo que si le quiero recuperar voy a tener que volver con él”. Sin embargo, la historia de Lisa es un poco más complicada, porque ella en realidad se separó de su marido antes de conocer al hombre de quien se enamoró: “Mi marido es un hombre muy impulsivo, tiene un caracter muy feo y siempre nos estábamos peleando. No teníamos nunca los mismos gustos, y entonces no podíamos ni siquiera salir juntos porque él se quería ir a un lado y yo a otro”, explica. Le preguntamos a Lisa si por qué se casó con él si había tanto desentendimiento: “No sé por qué, no estaba enamorada, pero lo que yo buscaba era tener un hogar, tener seguridad, y tambien quería salir de mi casa porque no me llevaba bien con mi familia.Fue por eso, pero no por amor”, dice.
“DOY MI VIDA POR EL”
Hace ocho meses Lisa conoció a un joven llamado Humberto D. (28), y aunque no se fijó mucho en él, pronto se dio cuenta de que le había impresionado: “A través de una amiga me mandó invitar a su cumpleaños. Estuvimos hablando y yo le conté toda mi vida. El me dijo que era soltero y que ya quería sentar cabeza con una mujer, porque se sentía muy solo”, cuenta. Hubo un par de invitaciones a almorzar, hasta que llegó una salida a bailar y el primer beso. Pero Lisa dice que él” mucho tiempo me tuvo que andar detrás” para que la escena romantica tenga lugar: “Me acosté con él, fue muy diferente de lo que sentí cuando estaba con mi marido, porque Humberto me trató con respeto y con mucho amor”, asegura. La relación se inició pero se cortó unos meses despues:”Fue cuando nos fuimos a pasear. Había sido que mi marido nos siguió, y cuando nos bajamos del auto vino y le amenazó a mi novio.Le dijo que yo le hacía sufrir demasiado y que Dios me iba a castigar. Despues se fue a la casa de mi novio y habló con su mamá. Le dijo que su hijo estaba saliendo con una mujer casada, y que podía pagar muy caro si seguía así”. Lisa y Humberto decidieron suspender la relación hasta que todo se calme: “Dos meses estuvimos separados, y en ese tiempo yo le fallé a él. Cometí un error demasiado grave, y no sé sí tengo perdón”, asegura.
“ Por dinero me acosté con él”
Lisa se lamenta una y otra vez del terrible error que cometió y que hoy está pagando, pero tarda un poco en contarnos qué fue lo que hizo: “Me acosté por dinero con el primo de Humberto. Yo le ofendí demasiado haciendo eso, y él al parecer no sabe perdonar”, dice. La muchacha nos cuenta que antes de que le presenten a Humberto, ya le conocía a su primo, un hombre de 33 años llamado Manolo: “En ese tiempo en que yo y Humberto estábamos separados a mi me vino encima una cuenta muy grande, y yo no tenía dinero para pagar. Incluso estaba en peligro de perder mi casa, que es el lugar donde vive mi mamá, y yo cualquier cosa tenía que hacer para no dejarle en la calle a mi familia”, asegura. El primo Manolo le habría propuesto en varias oportunidades que a cambio de “darse el gusto” con ella, le daría una buena suma de dinero: “El sabía que yo estaba necesitando, por eso me hacía su propuesta, y también sabía que rompí con Humberto. Bueno, yo le acepté, pero le pedí por favor que eso se quede entre nosotros”, cuenta. Lisa se acostó con este hombre, obtuvo el dinero prometido y también el resultado de sus actos: “Lo primero que hizo fue irse con el cuento a Humberto. El vino y me preguntó, y yo no le pude negar. Como él es un hombre demasiado bueno, me dijo que no me iba a juzgar, pero que nosotros ya solo podiamos quedar como amigos”. Nuestra entrevistada asegura que el único propósito en su vida actualmente es conseguir que su novio la perdone: “Yo sé que él me quiere. Veo en su mirada, porque sus ojos brillan cuando me mira, pero el problema es que no puede olvidar lo que pasó. Yo estoy dejando pasar un tiempo para pedirle disculpas aunque sea de rodillas”, afirma. Lisa sabe que no será fácil, pero tiene esperanzas: “yo quiero hacerle entender que me acosté con su primo, pero que no fue por amor sino por dinero. Yo le quiero demostrar que voy a cambiar y que voy a ser la mujer que él quiere que sea”. Respecto a su hija, Lisa dice que nada puede hacer: “Yo no voy a volver con mi ex marido, pero tampoco puedo recuperarle a mi hija porque si yo le sacó de su abuela, sé que ella se va a morir, y yo no quiero ser responsable de eso”, termina diciendo.
Lisa M.(19) se casó a los 15, tuvo dos hijos, uno de ellos falleció y desde hace un año esta separada:”Me enamoré de otro hombre”, declara.Su marido se llama Fernando V. (25), y según cuenta nuestra entrevistada, no se resigna con haberlo perdido: “El me sacó a mi hija y le llevó para que viva con su mamá. Despues me dijo que si le quiero recuperar voy a tener que volver con él”. Sin embargo, la historia de Lisa es un poco más complicada, porque ella en realidad se separó de su marido antes de conocer al hombre de quien se enamoró: “Mi marido es un hombre muy impulsivo, tiene un caracter muy feo y siempre nos estábamos peleando. No teníamos nunca los mismos gustos, y entonces no podíamos ni siquiera salir juntos porque él se quería ir a un lado y yo a otro”, explica. Le preguntamos a Lisa si por qué se casó con él si había tanto desentendimiento: “No sé por qué, no estaba enamorada, pero lo que yo buscaba era tener un hogar, tener seguridad, y tambien quería salir de mi casa porque no me llevaba bien con mi familia.Fue por eso, pero no por amor”, dice.
“DOY MI VIDA POR EL”
Hace ocho meses Lisa conoció a un joven llamado Humberto D. (28), y aunque no se fijó mucho en él, pronto se dio cuenta de que le había impresionado: “A través de una amiga me mandó invitar a su cumpleaños. Estuvimos hablando y yo le conté toda mi vida. El me dijo que era soltero y que ya quería sentar cabeza con una mujer, porque se sentía muy solo”, cuenta. Hubo un par de invitaciones a almorzar, hasta que llegó una salida a bailar y el primer beso. Pero Lisa dice que él” mucho tiempo me tuvo que andar detrás” para que la escena romantica tenga lugar: “Me acosté con él, fue muy diferente de lo que sentí cuando estaba con mi marido, porque Humberto me trató con respeto y con mucho amor”, asegura. La relación se inició pero se cortó unos meses despues:”Fue cuando nos fuimos a pasear. Había sido que mi marido nos siguió, y cuando nos bajamos del auto vino y le amenazó a mi novio.Le dijo que yo le hacía sufrir demasiado y que Dios me iba a castigar. Despues se fue a la casa de mi novio y habló con su mamá. Le dijo que su hijo estaba saliendo con una mujer casada, y que podía pagar muy caro si seguía así”. Lisa y Humberto decidieron suspender la relación hasta que todo se calme: “Dos meses estuvimos separados, y en ese tiempo yo le fallé a él. Cometí un error demasiado grave, y no sé sí tengo perdón”, asegura.
“ Por dinero me acosté con él”
Lisa se lamenta una y otra vez del terrible error que cometió y que hoy está pagando, pero tarda un poco en contarnos qué fue lo que hizo: “Me acosté por dinero con el primo de Humberto. Yo le ofendí demasiado haciendo eso, y él al parecer no sabe perdonar”, dice. La muchacha nos cuenta que antes de que le presenten a Humberto, ya le conocía a su primo, un hombre de 33 años llamado Manolo: “En ese tiempo en que yo y Humberto estábamos separados a mi me vino encima una cuenta muy grande, y yo no tenía dinero para pagar. Incluso estaba en peligro de perder mi casa, que es el lugar donde vive mi mamá, y yo cualquier cosa tenía que hacer para no dejarle en la calle a mi familia”, asegura. El primo Manolo le habría propuesto en varias oportunidades que a cambio de “darse el gusto” con ella, le daría una buena suma de dinero: “El sabía que yo estaba necesitando, por eso me hacía su propuesta, y también sabía que rompí con Humberto. Bueno, yo le acepté, pero le pedí por favor que eso se quede entre nosotros”, cuenta. Lisa se acostó con este hombre, obtuvo el dinero prometido y también el resultado de sus actos: “Lo primero que hizo fue irse con el cuento a Humberto. El vino y me preguntó, y yo no le pude negar. Como él es un hombre demasiado bueno, me dijo que no me iba a juzgar, pero que nosotros ya solo podiamos quedar como amigos”. Nuestra entrevistada asegura que el único propósito en su vida actualmente es conseguir que su novio la perdone: “Yo sé que él me quiere. Veo en su mirada, porque sus ojos brillan cuando me mira, pero el problema es que no puede olvidar lo que pasó. Yo estoy dejando pasar un tiempo para pedirle disculpas aunque sea de rodillas”, afirma. Lisa sabe que no será fácil, pero tiene esperanzas: “yo quiero hacerle entender que me acosté con su primo, pero que no fue por amor sino por dinero. Yo le quiero demostrar que voy a cambiar y que voy a ser la mujer que él quiere que sea”. Respecto a su hija, Lisa dice que nada puede hacer: “Yo no voy a volver con mi ex marido, pero tampoco puedo recuperarle a mi hija porque si yo le sacó de su abuela, sé que ella se va a morir, y yo no quiero ser responsable de eso”, termina diciendo.
8/12/10
“Estoy con el hermano de mi ex”
La vida tiene muchas vueltas, hoy podrías estar con alguien que lo es todo para vos y mañana ¿quién sabe? Carmencita es una lectorcita del Popu que llamando por teléfono a su novio terminó trabando conversación con el hermano mayor de este. "Me gustaba su voz; me parecía alguien especial", asegura ¿Qué pasó? Nuestra entrevistada está saliendo con ese "alguien especial"...
Carmen tiene 20 años y planes para casarse en primavera con Gonzalo (de 29 años), él es contador y ella está estudiando derecho. "Mi historia sentimental comenzó hace unos seis años. Yo estaba en la secundaria cuando le conocí a Andrés y me enamoré perdidamente de él, fue mi primer novio. Ambos teniamos 14 años cuando eso y estabamos en el mismo colegio, ibamos al mismo año solo que estabamos en clases diferentes. Me conquistó totalmente", dice.
Carmencita le presentó a sus padres el día que ella cumplió sus quince años y poco después comenzó con él un noviazgo. "Yo siempre decía -porque realmente lo pensaba- que él era el amor de mi vida, la persona con quien iba a formar un hogar, el hombre más cariñoso que conocí, me sentía afortunada de haberlo conocido. Viví a su lado dos años maravillosos, llenos de amor y momentos tiernos, especiales, pero sin sexo. Era muy zonza yo y él me respetaba mucho", asegura.
La muchacha solía llamarle a menudo a su novio por teléfono y reconocía la voz de casi todos sus familiares: "El vivía en una casa grande donde se alquilan habitaciones, la mayoría de ellos eran sus familiares, primos que venían del interior, parientes lejanos. Había alguien que me solía atender de vez en cuando, y aunque yo no sabía quién era, me gustaba su voz; me parecía especial. Hace poco más de tres años, en la víspera de Navidad, yo le llamé a mi novio para preguntarle si iba a pasar por casa, es que no era día de visita y, bueno, quería saber si lo esperaba o no. Me atendió esa voz especial y me dijo que él no estaba".
El hombre le preguntó si era la novia de Andrés. "Le dije que sí, y allí me comenzó a preguntar si hace tiempo que estamos juntos, si me trataba bien, si yo le quería. Hablamos mucho tiempo, era increíble, pero sentía tanta confianza que yo le respondí todo lo que me preguntó, hasta mi número de teléfono le di sin dramas", dice.
POR TELEFONO
Carmencita no volvió a saber nada de Gonzalo hasta unos meses después, cuando nuevamente buscando a su novio escuchó su voz. "Me dijo que Andrés salió. Yo le saludé y le pregunté por qué nunca me llamó. El se rió nomás. Me contó que estaba de examenes finales, que estaba por recibirse. Nosotros hablamos como grandes amigos y no sé porque pero yo ni su nombre le pregunte, era re chiquilina, y a modo de broma nomás luego le tomaba las cosas, él no me dijo que era el hermano de mi novio y bueno, yo tampoco ni le pregunte nada, o sea imagine que era un pariente de él porque estaba viviendo ahí, pero hasta ahí. Y con mi novio llevabamos una relación particular, él llegaba a casa, conocia a toda mi gente, padres, hermanos, tíos y hasta a mis abuelos. Yo, sin embargo, solo conocía a sus padres, él pocas veces me hablaba de sus dos hermanos mayores y cuando lo hacía se refería a ellos por sus apodos, no por sus nombres".
Carmencita cuenta que una semana después de aquella comunicación, Gonzalo la llamó: "Hablamos más de una hora. Allí me contó toda su vida y a partir de ese momento hablamos por teléfono casi todos los días. Cualquier problema que él tenía, llamaba y me contaba, y yo también, pero de eso no sabía nada mi novio. Por esa fecha Andrés y yo empezamos a distanciarnos, él quería salir a fiestas todo el tiempo, y yo no, o sea siempre fui algo seria en esas cosas, podría ir de vez en cuando a alguna fiesta y a pesar de tener permiso preferia quedarme en casa a estudiar, o ver una pelicula, así que nos veíamos una vez a la semana, yo le notaba muy frío y distante", cuenta.
Carmencita se refugió en sus llamadas. "Mi novio venía a verme una vez a la semana, pero hasta ahí, a veces ni llamaba y yo todo eso le reclamaba, pero él nada. Yo le amaba y le necesitaba, pero él no tenía tiempo para mí. Pasé mal, encima papá se enfermó, y mi novio supo eso y no era capaz de llamarme aunque sea para preguntar cómo estaba. La única persona que me apoyaba y me consolaba era Gonzalo que todos los días aunque sea un mensaje me mandaba para preguntarme como seguía papá. Poco tiempo después terminamos, me sentí muy mal, muy sola y por eso me aferre mucho más a las llamadas de ese amigo especial al que ni siquiera conocía. Ese año empezaron las clases y Andrés se habia cambiado de colegio, así que definitivamente nos alejamos", asegura.
A casi un año de empezar las llamadas, Gonzalo le hizo la propuesta. "Me dijo si por qué no nos conocíamos. Dale, le dije, dale, y que le esperaba al día siguiente en mi colegio. Ese fue un día inolvidable para mí. Cuando llegó la hora, terminó mi clase y yo salí a buscarle en el lugar en donde habíamos quedado, pero allí no estaba nadie. Pensé que no quiso ir, y cuando ya estaba por dar la vuelta e ir a la parada del bus veo desde lejos a un tipo divino, alto, elegante, naumbre luego".
LA CONQUISTA
Carmencita se acercó temerosa y se encontró con un hombre mucho más atractivo de lo que se hubiese imaginado. "Me quedé impactada. El es flaco, tiene el pelo negro, una sonrisa encantadora. Y es muy diferente a su hermano, mi ex era medio rubio, corpulento, pero con la misma sonrisa encantadora. El también se quedó mirándome. Me dijo que yo era más linda de lo que él pensó. Subimos a su moto y comenzamos a dar vueltas. Terminamos en una plaza, hablamos y hasta hubo un primer beso", dice.
Gonzalo conocía perfectamente la situación de Carmencita: "En ese momento, en ese primer encuentro me contó que en realidad él es el hermano mayor de mi ex, y me dijo que él me iba a dar tiempo para que yo piense en lo que iba a hacer. Fue como un baldazo de agua fría, como si me despertará de un sueño, no sé, me sentí super mal, sentí que estaba traicionando a mi ex. El problema es que yo le quería de cierta forma todavía a mi ex, y si acepte encontrarme con Gonzalo fue porque de a poco estaba convenciendome que mi noviazgo termino, que yo tenia que seguir mi camino, mi vida, pero por otro lado estaba también lo que tenía esa otra persona especial que comenzaba a entrar en mi vida y que me encantaba, claro que sentía algo fuerte al recibir tiernos mensajes de él, me emocionaba saber que éle staba allí, al otro lado del telefono, pero ni imaginaba que era alguien tan cercano a mi ex", cuenta.
Carmencita dice que se mantuvo alejada de Gonzalo por dos semanas y que le costó mucho no atender sus llamadas, no revisar sus mensajes: "Un jueves al salir del colegio lo encontré en el portón esperandome, mis compañeras empezaron a hincharme, a decirme que era un divino, que era una tonta, no sé, le hicieron la pata para que yo le escuchara. Volvimos a ir a la misma plaza y hablamos mucho. Me dijo que se animo y habló con mi ex, con su hermano y que le dijo la verdad, que había conocido a alguien, que estaba enamorado, pero que esa persona era yo, su ex y que yo no le aceptaba por ese parentesco. Me contó que le abrió el corazón y que le pregunto lo que él pensaba, y que al principio Andrés se enojó, pero después se acercó y le dijo que me quiso mucho, pero que conoció a alguien y se dio cuenta que yo no era para él, que por eso empezó a alejarse y terminó la relación conmigo. Así que a partir de ese día empezamos a andar. Con él sentí cosas maravillosas, hasta tuve relaciones sexuales con él, y me entregué virgen, porque nunca dejé que mi novio me toque. No sé, me dejé llevar totalmente, no medí ni las consecuencias", confiesa.
“Me superó lo que sentía”
Carmencita dice que se sentía terriblemente desesperada, pues su relación con Gonzalo se iba convirtiendo aceleradamente en lo más importante de su vida. "Era evidente que yo tenía que hablar con mis padres por ejemplo, o sea ni siquiera sabía cómo decirle que estaba en una nueva relación y que esa persona era el hermano de mi ex. El problema era que no sabía cómo, no me animaba a hablarles, pero por el otro lado estaba Gonzalo también me comenzó a presionar para que me decida y hable con ellos y que por fin él pueda llegar a mi casa", explica.
Una noche Gonzalo fue llegando a casa de nuestra entrevistada y ante la mirada temerosa de esta se presentó a sus suegros: “Al principio traté de salirme del paso, lo presenté como un amigo, pero después no pude; aparte, me superó todo lo que sentía. Le dije que me espere un rato en la sala y fui a mi habitación a hablarle a mis padres, les dije que lo quería, que me había enamorado, que Gregorio era muy importante para mi, pero que él era el hermano de Andrés y que eso era lo que a mi misma me ponía frenos. Recuerdo que papá salió de la habitación sin decir una sola palabra y mamá solo se limitó a abrazarme fuerte”.
Carmencita volvió a la sala y vio a su padre sentado junto al hombre que ella amaba: "Gregorio le contó todo. Le dijo que ya había hablado con su hermano, que me quería y que si yo le aceptaba ni bien se reciba nos casaríamos. Papá tenía otra cara cuando terminó de hablar con él”.
Carmencita sintió que le sacaban un peso de encima cuando todo acabó. "Al principio fue difícil porque incluso me daba vergüenza ir a su casa y hablar con sus padres o con el mismo Andrés, pero increíblemente fue Andrés quien siempre le chisteaba a todo el mundo con respecto que ahora era su cuñada. El año pasado en Navidad, Gregorio me propuso matrimonio y yo acepté. Nos casamos el proximo año, en setiembre si Dios quiere. Hoy yo siento que mi destino es él. Me siento afortunada".
Fuente: El popular:PY
Carmen tiene 20 años y planes para casarse en primavera con Gonzalo (de 29 años), él es contador y ella está estudiando derecho. "Mi historia sentimental comenzó hace unos seis años. Yo estaba en la secundaria cuando le conocí a Andrés y me enamoré perdidamente de él, fue mi primer novio. Ambos teniamos 14 años cuando eso y estabamos en el mismo colegio, ibamos al mismo año solo que estabamos en clases diferentes. Me conquistó totalmente", dice.
Carmencita le presentó a sus padres el día que ella cumplió sus quince años y poco después comenzó con él un noviazgo. "Yo siempre decía -porque realmente lo pensaba- que él era el amor de mi vida, la persona con quien iba a formar un hogar, el hombre más cariñoso que conocí, me sentía afortunada de haberlo conocido. Viví a su lado dos años maravillosos, llenos de amor y momentos tiernos, especiales, pero sin sexo. Era muy zonza yo y él me respetaba mucho", asegura.
La muchacha solía llamarle a menudo a su novio por teléfono y reconocía la voz de casi todos sus familiares: "El vivía en una casa grande donde se alquilan habitaciones, la mayoría de ellos eran sus familiares, primos que venían del interior, parientes lejanos. Había alguien que me solía atender de vez en cuando, y aunque yo no sabía quién era, me gustaba su voz; me parecía especial. Hace poco más de tres años, en la víspera de Navidad, yo le llamé a mi novio para preguntarle si iba a pasar por casa, es que no era día de visita y, bueno, quería saber si lo esperaba o no. Me atendió esa voz especial y me dijo que él no estaba".
El hombre le preguntó si era la novia de Andrés. "Le dije que sí, y allí me comenzó a preguntar si hace tiempo que estamos juntos, si me trataba bien, si yo le quería. Hablamos mucho tiempo, era increíble, pero sentía tanta confianza que yo le respondí todo lo que me preguntó, hasta mi número de teléfono le di sin dramas", dice.
POR TELEFONO
Carmencita no volvió a saber nada de Gonzalo hasta unos meses después, cuando nuevamente buscando a su novio escuchó su voz. "Me dijo que Andrés salió. Yo le saludé y le pregunté por qué nunca me llamó. El se rió nomás. Me contó que estaba de examenes finales, que estaba por recibirse. Nosotros hablamos como grandes amigos y no sé porque pero yo ni su nombre le pregunte, era re chiquilina, y a modo de broma nomás luego le tomaba las cosas, él no me dijo que era el hermano de mi novio y bueno, yo tampoco ni le pregunte nada, o sea imagine que era un pariente de él porque estaba viviendo ahí, pero hasta ahí. Y con mi novio llevabamos una relación particular, él llegaba a casa, conocia a toda mi gente, padres, hermanos, tíos y hasta a mis abuelos. Yo, sin embargo, solo conocía a sus padres, él pocas veces me hablaba de sus dos hermanos mayores y cuando lo hacía se refería a ellos por sus apodos, no por sus nombres".
Carmencita cuenta que una semana después de aquella comunicación, Gonzalo la llamó: "Hablamos más de una hora. Allí me contó toda su vida y a partir de ese momento hablamos por teléfono casi todos los días. Cualquier problema que él tenía, llamaba y me contaba, y yo también, pero de eso no sabía nada mi novio. Por esa fecha Andrés y yo empezamos a distanciarnos, él quería salir a fiestas todo el tiempo, y yo no, o sea siempre fui algo seria en esas cosas, podría ir de vez en cuando a alguna fiesta y a pesar de tener permiso preferia quedarme en casa a estudiar, o ver una pelicula, así que nos veíamos una vez a la semana, yo le notaba muy frío y distante", cuenta.
Carmencita se refugió en sus llamadas. "Mi novio venía a verme una vez a la semana, pero hasta ahí, a veces ni llamaba y yo todo eso le reclamaba, pero él nada. Yo le amaba y le necesitaba, pero él no tenía tiempo para mí. Pasé mal, encima papá se enfermó, y mi novio supo eso y no era capaz de llamarme aunque sea para preguntar cómo estaba. La única persona que me apoyaba y me consolaba era Gonzalo que todos los días aunque sea un mensaje me mandaba para preguntarme como seguía papá. Poco tiempo después terminamos, me sentí muy mal, muy sola y por eso me aferre mucho más a las llamadas de ese amigo especial al que ni siquiera conocía. Ese año empezaron las clases y Andrés se habia cambiado de colegio, así que definitivamente nos alejamos", asegura.
A casi un año de empezar las llamadas, Gonzalo le hizo la propuesta. "Me dijo si por qué no nos conocíamos. Dale, le dije, dale, y que le esperaba al día siguiente en mi colegio. Ese fue un día inolvidable para mí. Cuando llegó la hora, terminó mi clase y yo salí a buscarle en el lugar en donde habíamos quedado, pero allí no estaba nadie. Pensé que no quiso ir, y cuando ya estaba por dar la vuelta e ir a la parada del bus veo desde lejos a un tipo divino, alto, elegante, naumbre luego".
LA CONQUISTA
Carmencita se acercó temerosa y se encontró con un hombre mucho más atractivo de lo que se hubiese imaginado. "Me quedé impactada. El es flaco, tiene el pelo negro, una sonrisa encantadora. Y es muy diferente a su hermano, mi ex era medio rubio, corpulento, pero con la misma sonrisa encantadora. El también se quedó mirándome. Me dijo que yo era más linda de lo que él pensó. Subimos a su moto y comenzamos a dar vueltas. Terminamos en una plaza, hablamos y hasta hubo un primer beso", dice.
Gonzalo conocía perfectamente la situación de Carmencita: "En ese momento, en ese primer encuentro me contó que en realidad él es el hermano mayor de mi ex, y me dijo que él me iba a dar tiempo para que yo piense en lo que iba a hacer. Fue como un baldazo de agua fría, como si me despertará de un sueño, no sé, me sentí super mal, sentí que estaba traicionando a mi ex. El problema es que yo le quería de cierta forma todavía a mi ex, y si acepte encontrarme con Gonzalo fue porque de a poco estaba convenciendome que mi noviazgo termino, que yo tenia que seguir mi camino, mi vida, pero por otro lado estaba también lo que tenía esa otra persona especial que comenzaba a entrar en mi vida y que me encantaba, claro que sentía algo fuerte al recibir tiernos mensajes de él, me emocionaba saber que éle staba allí, al otro lado del telefono, pero ni imaginaba que era alguien tan cercano a mi ex", cuenta.
Carmencita dice que se mantuvo alejada de Gonzalo por dos semanas y que le costó mucho no atender sus llamadas, no revisar sus mensajes: "Un jueves al salir del colegio lo encontré en el portón esperandome, mis compañeras empezaron a hincharme, a decirme que era un divino, que era una tonta, no sé, le hicieron la pata para que yo le escuchara. Volvimos a ir a la misma plaza y hablamos mucho. Me dijo que se animo y habló con mi ex, con su hermano y que le dijo la verdad, que había conocido a alguien, que estaba enamorado, pero que esa persona era yo, su ex y que yo no le aceptaba por ese parentesco. Me contó que le abrió el corazón y que le pregunto lo que él pensaba, y que al principio Andrés se enojó, pero después se acercó y le dijo que me quiso mucho, pero que conoció a alguien y se dio cuenta que yo no era para él, que por eso empezó a alejarse y terminó la relación conmigo. Así que a partir de ese día empezamos a andar. Con él sentí cosas maravillosas, hasta tuve relaciones sexuales con él, y me entregué virgen, porque nunca dejé que mi novio me toque. No sé, me dejé llevar totalmente, no medí ni las consecuencias", confiesa.
“Me superó lo que sentía”
Carmencita dice que se sentía terriblemente desesperada, pues su relación con Gonzalo se iba convirtiendo aceleradamente en lo más importante de su vida. "Era evidente que yo tenía que hablar con mis padres por ejemplo, o sea ni siquiera sabía cómo decirle que estaba en una nueva relación y que esa persona era el hermano de mi ex. El problema era que no sabía cómo, no me animaba a hablarles, pero por el otro lado estaba Gonzalo también me comenzó a presionar para que me decida y hable con ellos y que por fin él pueda llegar a mi casa", explica.
Una noche Gonzalo fue llegando a casa de nuestra entrevistada y ante la mirada temerosa de esta se presentó a sus suegros: “Al principio traté de salirme del paso, lo presenté como un amigo, pero después no pude; aparte, me superó todo lo que sentía. Le dije que me espere un rato en la sala y fui a mi habitación a hablarle a mis padres, les dije que lo quería, que me había enamorado, que Gregorio era muy importante para mi, pero que él era el hermano de Andrés y que eso era lo que a mi misma me ponía frenos. Recuerdo que papá salió de la habitación sin decir una sola palabra y mamá solo se limitó a abrazarme fuerte”.
Carmencita volvió a la sala y vio a su padre sentado junto al hombre que ella amaba: "Gregorio le contó todo. Le dijo que ya había hablado con su hermano, que me quería y que si yo le aceptaba ni bien se reciba nos casaríamos. Papá tenía otra cara cuando terminó de hablar con él”.
Carmencita sintió que le sacaban un peso de encima cuando todo acabó. "Al principio fue difícil porque incluso me daba vergüenza ir a su casa y hablar con sus padres o con el mismo Andrés, pero increíblemente fue Andrés quien siempre le chisteaba a todo el mundo con respecto que ahora era su cuñada. El año pasado en Navidad, Gregorio me propuso matrimonio y yo acepté. Nos casamos el proximo año, en setiembre si Dios quiere. Hoy yo siento que mi destino es él. Me siento afortunada".
Fuente: El popular:PY
7/12/10
“Su marido amenaza con mandarme matar”
El muchacho nos cuenta que está llamando desde la casa de un amigo: “No puedo quedarme en mi departamento porque me amenazaron de muerte”, explica. Por supuesto le preguntamos quién lo amenaza: “Un militar”, responde.Y entonces dice que todo lo que pasa se lo merece: “Me metí con la esposa de él, y ella misma le dijo dónde vivo”. Esta historia comenzó hace dos meses, cuando él acudió al domicilio de la señora para prestarle sus servicios...
Su apodo es Nacho, tiene 25 años, es operador de computadoras y técnico, y estudia la carrera de Ingeniería Informática en una universidad privada. El dejó su ciudad natal hace 3 años y vino a la capital para estudiar y trabajar:”Tengo un primo que tiene un pequeño taller y que trabaja con una empresa que vende computadoras. El me dio una mano y después de un tiempo me contrató para hacer service a domicilio”, explica.
Nacho vivió un tiempo en casa de este primo, hasta que tuvo un respiro económico y pudo alquilar un departamentito. En los tres años que lleva en Asunción, dice que todo lo que obtuvo lo ganó con esfuerzo y que no considera justo lo que le está pasando: “Hace dos meses llegué al trabajo y mi primo me dio una dirección donde había que ir a hacer un trabajo de limpiezay revisar un poco los problemas”.
El muchacho tomó la camioneta que usan para hacer los trabajos a domicilio y llegó a una linda casa donde fue recibido por una dama joven y llamativa: “Ella es esposa de un militar, y el hijo de 15 años es quien tiene la computadora. Le pregunté dónde estaba su hijo en ese momento, y me dijo que fue a su clase de natación. Ella me llevó hasta el dormitorio de su hijo y me dejó allí”, explica.
¿SOLO AMABILIDAD?
Nacho nombra a esta dama con el apodo de Nina: “Ella tiene 34 años y no es linda, pero es muy provocativa.Yo quise creer que era muy amable nomás, porque sin preguntarme me trajo coca y sandwich de milanesa.Yo no tenía hambre, porque en el taller ya desayuné,pero no quería despreciarle, así que acepté su invitación. Ella se sentó conmigo y me comenzó a hacer preguntas”,recuerda.
El muchacho también le preguntó si tenía un solo hijo o había otros: “Me dijo que su marido le exigía para que le dé hijos, pero que ella después del nene dejó que pase mucho tiempo antes de embarazarse de nuevo. Yo le pregunté por qué, y ella me dijo que le gustaba tener buena figura y que le costó mucho recuperar su forma después de su primer hijo. Dice que llegó a tener 87 kilos, y cuando yo le conocí tenía 63”.
Nacho explica que muy pronto la conversación fue girando hacia temas íntimos: “Me preguntó si yo tenía novia. Le dije que no tenía novia oficial, pero que salía con una compañera de facultad. Ella me dijo que festejó muy poco tiempo con su esposo, que se casó a los 19 años y desde entonces vivió encerrada, y que le daba gusto escuchar historias de amor porque ella se identificaba mucho con eso”.
El muchacho volvió a su trabajo, y cuando estaba terminando buscó a la dueña de casa para pedirle un trapo: “Ella se fue a cambiarse de ropa y estaba con una mini y una top. Yo me sorprendí, porque realmente tenía lindo cuerpo. Ella me pidió que le acompañe hasta su dormitorio para buscar el trapo. Yo no sabía si estaba haciendo bien, pero le seguí”, dice.
SEDUCCION
Nacho no entró al dormitorio de la señora Nina. Se quedó en el pasillo y la esperó. Ella volvió con el pedazo de trapo, y le preguntó a nuestro entrevistado si tenía miedo de ella: “Le dije que por qué le iba a tener miedo, que lo que pasa es que no estaba bien que abuse de su amabilidad. Ella se rió y me dijo que le daba mucha vergüenza decirme eso, pero que yo le atraía mucho”.
El muchacho le agradeció el piropo en el mismo momento en que ella se le acercó: “Ella me dijo que estaba muy aburrida de la vida que llevaba, y que cuando yo tenga su edad me iba a dar cuenta de que no hay que desaprovechar la oportunidad de pasar un buen momento. Allí me preguntó si yo no iba a pensar mal de ella si me pedía un beso. Yo le dije que no, porque la verdad es que no sabía cómo reaccionar”.
Hubo un beso casi forzado: “Ella agarró mi mano y metió debajo de su mini pollera. Me excitó, porque una mujer si te hace eso siempre va a conseguir su objetivo. Yo sabía que estaba mal meterme en eso, pero me metí igual”, afirma.
“Se pichó porque una sola vez me acosté con ella”
Nacho cuenta que no hubo relación sexual propiamente dicha en aquella primera visita a casa de la señora Nina, pero sí hubo caricias íntimas y besos: “Yo salí de allí muy confundido, porque era la primera que me pasaba algo así. No le conté nada a mi primo porque me daba miedo de que él piense que yo abusé de la clienta, y que me eche por eso”.
El muchacho calló y esa misma tarde comenzó a saber lo que es ser victima de una persecusión sexual: “La señora me llamó por teléfono para saber la hora que yo salía del trabajo. Me dijo que se tenía que ir a su modista y que de paso podiamos salir a tomar algo. Yo también estaba entusiasmado por lo que pasó, y pensé que si ella era la que me buscaba que yo no me podía negar”.
La mujer pasó a buscar a Nacho y sin decir nada, lo llevó a un reservado: “En todo momento ella me decía que era la primera vez que ella hacía algo así, y que ella misma se sorprendía de como estaba llegando tan lejos. Cuando llegamos al reservado ella hizo todo; yo le seguía la corriente, y cuando me desnudó me di cuenta de que ella estaba decidida a todo”.
Hubo relación sexual y una conversación luego, que dejó muy intranquilo a Nacho: “Ella me dijo que por ser esposa de un militar estaba corriendo mucho peligro con lo que hacía, pero que no se arrepentía de nada. Yo le pregunté qué significaba eso, y ella me dijo que si su esposo le descubría era capaz de matarle”.
EL DESASTRE
Nacho pensó bien las cosas esa misma noche,y ya solo en su departamento: “Un hombre sabe cuando una pendeja puede ser un problema, y yo me di cuenta de que no tenía que seguir porque de allí no iba a sacar nada. Al día siguiente ella me llamó toda la mañana a la oficina, pero yo le dije a mi primo que no quería hablar con ella porque me estaba especulando. El me preguntó bien si qué es lo que pasó, y yo al final le conté”, dice.
Cuando Nacho salió del taller doña Nina se bajó de su camioneta y lo increpó: “Ella vino y me dijo que por qué yo me portaba así. Yo le dije que ella era casada y que yo no quería crearle problemas en su hogar, pero ella insistió en que me suba a su camioneta y al final yo le hice caso porque comenzó a lagrimear y yo no quería que arme un escándalo frente al taller”.
La mujer lo llevó de nuevo a un reservado, pero él ya no se acercó a ella: “Hasta hoy día una sola vez yo tuve sexo con esta mujer, y por eso ahora se está vengando de mí. Ella se desnudó y quiso que yo le toque, pero yo le dije que ya no iba a hacer eso porque no estaba bien lo que pasó entre nosotros. Yo le dije que ella tenía su familia y que yo quería respetar eso”.
Hubo una escena de llanto y dos semanas más tarde, una llamada telefónica en el taller donde trabaja Nacho: “Llamó el esposo de ella, el militar y le dijo a mi primo que yo abusé sexualmente de su esposa y que eso él no iba a permitir. Le dijo que yo me tengo que cuidar de él, porque ya consiguió fotos mías y que tenía a un amigo que me iba a liquidar”.
Nacho salió de su departamento y en este momento se está quedando en casa de un amigo: “Yo hablé con la señora de él y le pedí que me explique como su esposo sabía mi nombre y donde trabajo. Ella me dijo que le tuvo que decir lo que tuvo conmigo porque él había sido le mandó seguir, y nos vieron entrando juntos a un reservado. Le dio mi nombre y mi dirección, y ahora el tipo me anda persiguiendo, dice que va a matarme, y yo tengo miedo porque puede cumplir esa amenaza”, termina diciendo.
Su apodo es Nacho, tiene 25 años, es operador de computadoras y técnico, y estudia la carrera de Ingeniería Informática en una universidad privada. El dejó su ciudad natal hace 3 años y vino a la capital para estudiar y trabajar:”Tengo un primo que tiene un pequeño taller y que trabaja con una empresa que vende computadoras. El me dio una mano y después de un tiempo me contrató para hacer service a domicilio”, explica.
Nacho vivió un tiempo en casa de este primo, hasta que tuvo un respiro económico y pudo alquilar un departamentito. En los tres años que lleva en Asunción, dice que todo lo que obtuvo lo ganó con esfuerzo y que no considera justo lo que le está pasando: “Hace dos meses llegué al trabajo y mi primo me dio una dirección donde había que ir a hacer un trabajo de limpiezay revisar un poco los problemas”.
El muchacho tomó la camioneta que usan para hacer los trabajos a domicilio y llegó a una linda casa donde fue recibido por una dama joven y llamativa: “Ella es esposa de un militar, y el hijo de 15 años es quien tiene la computadora. Le pregunté dónde estaba su hijo en ese momento, y me dijo que fue a su clase de natación. Ella me llevó hasta el dormitorio de su hijo y me dejó allí”, explica.
¿SOLO AMABILIDAD?
Nacho nombra a esta dama con el apodo de Nina: “Ella tiene 34 años y no es linda, pero es muy provocativa.Yo quise creer que era muy amable nomás, porque sin preguntarme me trajo coca y sandwich de milanesa.Yo no tenía hambre, porque en el taller ya desayuné,pero no quería despreciarle, así que acepté su invitación. Ella se sentó conmigo y me comenzó a hacer preguntas”,recuerda.
El muchacho también le preguntó si tenía un solo hijo o había otros: “Me dijo que su marido le exigía para que le dé hijos, pero que ella después del nene dejó que pase mucho tiempo antes de embarazarse de nuevo. Yo le pregunté por qué, y ella me dijo que le gustaba tener buena figura y que le costó mucho recuperar su forma después de su primer hijo. Dice que llegó a tener 87 kilos, y cuando yo le conocí tenía 63”.
Nacho explica que muy pronto la conversación fue girando hacia temas íntimos: “Me preguntó si yo tenía novia. Le dije que no tenía novia oficial, pero que salía con una compañera de facultad. Ella me dijo que festejó muy poco tiempo con su esposo, que se casó a los 19 años y desde entonces vivió encerrada, y que le daba gusto escuchar historias de amor porque ella se identificaba mucho con eso”.
El muchacho volvió a su trabajo, y cuando estaba terminando buscó a la dueña de casa para pedirle un trapo: “Ella se fue a cambiarse de ropa y estaba con una mini y una top. Yo me sorprendí, porque realmente tenía lindo cuerpo. Ella me pidió que le acompañe hasta su dormitorio para buscar el trapo. Yo no sabía si estaba haciendo bien, pero le seguí”, dice.
SEDUCCION
Nacho no entró al dormitorio de la señora Nina. Se quedó en el pasillo y la esperó. Ella volvió con el pedazo de trapo, y le preguntó a nuestro entrevistado si tenía miedo de ella: “Le dije que por qué le iba a tener miedo, que lo que pasa es que no estaba bien que abuse de su amabilidad. Ella se rió y me dijo que le daba mucha vergüenza decirme eso, pero que yo le atraía mucho”.
El muchacho le agradeció el piropo en el mismo momento en que ella se le acercó: “Ella me dijo que estaba muy aburrida de la vida que llevaba, y que cuando yo tenga su edad me iba a dar cuenta de que no hay que desaprovechar la oportunidad de pasar un buen momento. Allí me preguntó si yo no iba a pensar mal de ella si me pedía un beso. Yo le dije que no, porque la verdad es que no sabía cómo reaccionar”.
Hubo un beso casi forzado: “Ella agarró mi mano y metió debajo de su mini pollera. Me excitó, porque una mujer si te hace eso siempre va a conseguir su objetivo. Yo sabía que estaba mal meterme en eso, pero me metí igual”, afirma.
“Se pichó porque una sola vez me acosté con ella”
Nacho cuenta que no hubo relación sexual propiamente dicha en aquella primera visita a casa de la señora Nina, pero sí hubo caricias íntimas y besos: “Yo salí de allí muy confundido, porque era la primera que me pasaba algo así. No le conté nada a mi primo porque me daba miedo de que él piense que yo abusé de la clienta, y que me eche por eso”.
El muchacho calló y esa misma tarde comenzó a saber lo que es ser victima de una persecusión sexual: “La señora me llamó por teléfono para saber la hora que yo salía del trabajo. Me dijo que se tenía que ir a su modista y que de paso podiamos salir a tomar algo. Yo también estaba entusiasmado por lo que pasó, y pensé que si ella era la que me buscaba que yo no me podía negar”.
La mujer pasó a buscar a Nacho y sin decir nada, lo llevó a un reservado: “En todo momento ella me decía que era la primera vez que ella hacía algo así, y que ella misma se sorprendía de como estaba llegando tan lejos. Cuando llegamos al reservado ella hizo todo; yo le seguía la corriente, y cuando me desnudó me di cuenta de que ella estaba decidida a todo”.
Hubo relación sexual y una conversación luego, que dejó muy intranquilo a Nacho: “Ella me dijo que por ser esposa de un militar estaba corriendo mucho peligro con lo que hacía, pero que no se arrepentía de nada. Yo le pregunté qué significaba eso, y ella me dijo que si su esposo le descubría era capaz de matarle”.
EL DESASTRE
Nacho pensó bien las cosas esa misma noche,y ya solo en su departamento: “Un hombre sabe cuando una pendeja puede ser un problema, y yo me di cuenta de que no tenía que seguir porque de allí no iba a sacar nada. Al día siguiente ella me llamó toda la mañana a la oficina, pero yo le dije a mi primo que no quería hablar con ella porque me estaba especulando. El me preguntó bien si qué es lo que pasó, y yo al final le conté”, dice.
Cuando Nacho salió del taller doña Nina se bajó de su camioneta y lo increpó: “Ella vino y me dijo que por qué yo me portaba así. Yo le dije que ella era casada y que yo no quería crearle problemas en su hogar, pero ella insistió en que me suba a su camioneta y al final yo le hice caso porque comenzó a lagrimear y yo no quería que arme un escándalo frente al taller”.
La mujer lo llevó de nuevo a un reservado, pero él ya no se acercó a ella: “Hasta hoy día una sola vez yo tuve sexo con esta mujer, y por eso ahora se está vengando de mí. Ella se desnudó y quiso que yo le toque, pero yo le dije que ya no iba a hacer eso porque no estaba bien lo que pasó entre nosotros. Yo le dije que ella tenía su familia y que yo quería respetar eso”.
Hubo una escena de llanto y dos semanas más tarde, una llamada telefónica en el taller donde trabaja Nacho: “Llamó el esposo de ella, el militar y le dijo a mi primo que yo abusé sexualmente de su esposa y que eso él no iba a permitir. Le dijo que yo me tengo que cuidar de él, porque ya consiguió fotos mías y que tenía a un amigo que me iba a liquidar”.
Nacho salió de su departamento y en este momento se está quedando en casa de un amigo: “Yo hablé con la señora de él y le pedí que me explique como su esposo sabía mi nombre y donde trabajo. Ella me dijo que le tuvo que decir lo que tuvo conmigo porque él había sido le mandó seguir, y nos vieron entrando juntos a un reservado. Le dio mi nombre y mi dirección, y ahora el tipo me anda persiguiendo, dice que va a matarme, y yo tengo miedo porque puede cumplir esa amenaza”, termina diciendo.
5/12/10
No te diste cuenta que vos sos la que me movés el piso
Dorita (34) estuvo ausente 17 años de Paraguay, trabajaba y ganaba bien en Argentina como peluquera profesional, pero extrañaba a su mamá y a su hermana Yola (ella tuvo una hija a la que Dori casi no conocía), así que volvió y enseguida consiguió trabajo en un spa re conocido en la capital. Acá la pusieron a cargo del servicio de depilación masculina y femenina, y una tarde ella recibió como cliente a un joven de 23 años apodado Chechi. El pidió “depilado completo”, incluyendo entrepierna, porque era fisiculturista y tenía una competencia internacional. Dos días después Dorita volvió a ver a este chico esta vez en la sala de su casa, como “visita” de su sobrina Yolita…
Aunque Dorita trabaja desde sus 23 años haciendo todo lo que se puede hacer en un salón de belleza, incluyendo depilación y hasta masajes, le impactó particularmente conocer a Chechi no solo porque es un bello muchacho, sino porque él no demostró la menor vergüenza al desvestirse frente a ella, lo que suele ser difícil para la mayoría de los hombres que concurren a sesiones de depilación.
Además, él hasta le pidió disculpas porque durante la sesión, su cuerpo de hombre “reaccionó”, pero Dorita le tranquilizó diciéndole que eso era “normal”, aunque ella misma se quedó muy alterada. Y más se alteró cuando ese fin de semana, después de que su sobrina Yolita (17) pidió permiso para invitar a la casa a un “amigo especial”, la depiladora se encontró cara a cara con Chechi.
¿QUE QUERIA?
El muchacho, con toda naturalidad, explicó que conocía a Dorita del spa adonde fue a “hacerse tratamientos”, pero jamás dijo que ella fue quien lo depiló y por supuesto, Dori tampoco aclaró nada.
Ella explica que tenía la sensación de que Chechi no le convenía a su sobrina, pero tampoco era su mamá como para meterse en eso, y de todas maneras, no podía explicar por qué no le gustaba la idea de que los jóvenes se pongan de novios.
Dorita decidió olvidarse de todo eso y pasó bien el domingo pero el lunes, apenas llegó al spa, le dijeron que un cliente suyo tuvo una “reacción alérgica” y que lo estaba esperando en la salita de depilación. Era Chechi, claro, así que lo que ella hizo fue darle una pomadita que le aliviaría la comenzón pero le pidió que vaya urgente a un dermatólogo.
El muchacho le dijo que iría, pero le pidió que le ponga la “pomada” y en segundos más, ella lo tuvo de nuevo desnudo en su camilla: “le coloqué la pomada con mucha paciencia, masajeando un poco, y él me pide que le ponga también por el sexo porque aunque no le depilé ahí, sentía picazón. Ahí de nuevo me di cuenta que yo estaba pisando un terreno peligroso, y que tenía que reaccionar correctamente, como una mujer decente”, dice Dorita.
Entonces, lo puso en su lugar: “le pedí que por favor él se coloque en ese lugar, que por ética yo no puedo tocar el sexo de los clientes porque eso me compromete demasiado y que sepa comprenderme. Me preguntó si hay cámaras de seguridad en ese saloncito y le dije que no, y fue una trampa porque él en ese momento me dice que si no hay, cómo van a saber lo que pasa o no pasa ahí dentro. Le dije que a mí la cámara no me importa, que hay cosas que no me gusta hacer y que yo me manejo con mi moral y mis buenas costumbres”.
El muchacho no insistió: “me pidió que le ataje el frasco de la pomada y él comenzó a colocarse frente a mí, y yo tampoco podía mirar en otro lado porque iba a ser ridículo. Yo pensé que él hacía todo eso a propósito, pero no sabía por qué, ya que si le interesaba mi sobrina que es una chiquilina divina, por qué me hacía pasar por una situación eso. Cuando terminó le ayudé a vestirse y me preguntó si no podía acompañarle al sanatorio. Le dije que no, porque estoy en horas de trabajo”.
¿Y LA SOBRI?
Dorita se cuidó de no comentar con nadie lo que pasó con Chechi, ni en su trabajo y menos todavía en su casa: “por una cuestión de que era mi responsabilidad, esa noche, desde casa, le llamé a él y le pregunté cómo se sentía. Me dijo que así como yo le dije, fue una reacción alérgica pero muy leve, que le dieron de tomar antialérgicos y le dijeron que la pomada que le di era la mejor que había para esas cosas”.
Chechi le agradeció que se preocupe: “me dijo que viajaba temprano a Brasil, para la competencia, y que le gustaría llevarme con él. Me descolocó su propuesta. Le pregunté si era una broma y me dijo que claro que no, ¿y mi sobrina?, le dije, y él me dijo que yo no he de pensar que él quiere tener algo con Yolita, ya que era es una pendejita. Creí que viniste a mi casa porque querés ser su novio, le dije, y él me dijo que nada que ver, que ella estaba tomando clases en su gimnasio porque quiere ser modelo, y que le invitó para que conozca a su familia y nada más. ¿No te diste cuenta que vos sos la que me movés el piso?, me dijo”.
Dorita tragó saliva. A sus 34 años, estaba más asustada que nunca en su vida.
“Sé que me desea”
Dorita cuenta que se quedó sin palabras cuando Chechi le dijo que le “movía el piso”: “me quedé como una boba con el celular en la oreja, sin hablar, y él se dio cuenta de mi reacción y me dijo Dori, ¿vos te mirarte al espejo? ¿Te diste cuenta que sos una mujer sexy, linda, encantadora? Le dije que no me diga esas cosas porque no es así, yo no estoy para que nadie me mire, solo para trabajar, y además de un cliente del spa él tenía 23 años y yo 34, y no tenía sentido lo que me decía”.
El muchacho no reculó: “me dijo que no tiene que importarme la edad porque seguro yo conozco hombres de mi edad pero no por eso me gustan, además no tengo novio y él sabe porque le preguntó a mi sobrina. Le dije entonces, ya que le nombró a ella, que a lo mejor a él no le importaba Yolita, pero yo le veía ilusionada a ella con él. Entonces él me dijo que piense bien las cosas, porque él se dio cuenta que yo también me sentí atraída por él, ¿o creíste que me acaricié frente a vos por casualidad?, me dijo y se mató de risa”.
DOS SEMANAS
Ese fue el tiempo que duró la ausencia de Chechi. En esos días Dorita se sintió aliviada pero pronto tuvo ganas de verlo de nuevo: “mi mente me repetía sus palabras y yo cerraba los ojos y le veía desnudo frente a mí. Es que una mujer nunca se va a olvidar de un hombre al que le vio desnudo, y eso me pasaba a mí. Cuando él volvió no me llamó y eso me desesperó más, hasta que un viernes apareció por el spa y pagó una sesión de depilación conmigo”.
Llamaron a Dorita y ella entró a su saloncito y se encontró con el muchacho: “yo siempre llaveo la puerta, así que entré y él estaba detrás del biombo, llaveé y ahí él sale y directo viene junto a mí y me besa. Fue algo que no me esperaba, me asustó, pero no niego que me gustó también. Le pedí que salga y me dijo que pagó una sesión de depilación completa y que no se va a ir. Tuvimos sexo y se fue, y desde hace como ocho meses estamos así. El no me habla de noviazgo, no me dice que me ama, pero sí me desea y me busca para tener sexo conmigo. Yo estoy enamorada y tengo miedo de que él no me tome en serio y que me haga sufrir”, dice la mujer. FIN DE LA HISTORIA.
Aunque Dorita trabaja desde sus 23 años haciendo todo lo que se puede hacer en un salón de belleza, incluyendo depilación y hasta masajes, le impactó particularmente conocer a Chechi no solo porque es un bello muchacho, sino porque él no demostró la menor vergüenza al desvestirse frente a ella, lo que suele ser difícil para la mayoría de los hombres que concurren a sesiones de depilación.
Además, él hasta le pidió disculpas porque durante la sesión, su cuerpo de hombre “reaccionó”, pero Dorita le tranquilizó diciéndole que eso era “normal”, aunque ella misma se quedó muy alterada. Y más se alteró cuando ese fin de semana, después de que su sobrina Yolita (17) pidió permiso para invitar a la casa a un “amigo especial”, la depiladora se encontró cara a cara con Chechi.
¿QUE QUERIA?
El muchacho, con toda naturalidad, explicó que conocía a Dorita del spa adonde fue a “hacerse tratamientos”, pero jamás dijo que ella fue quien lo depiló y por supuesto, Dori tampoco aclaró nada.
Ella explica que tenía la sensación de que Chechi no le convenía a su sobrina, pero tampoco era su mamá como para meterse en eso, y de todas maneras, no podía explicar por qué no le gustaba la idea de que los jóvenes se pongan de novios.
Dorita decidió olvidarse de todo eso y pasó bien el domingo pero el lunes, apenas llegó al spa, le dijeron que un cliente suyo tuvo una “reacción alérgica” y que lo estaba esperando en la salita de depilación. Era Chechi, claro, así que lo que ella hizo fue darle una pomadita que le aliviaría la comenzón pero le pidió que vaya urgente a un dermatólogo.
El muchacho le dijo que iría, pero le pidió que le ponga la “pomada” y en segundos más, ella lo tuvo de nuevo desnudo en su camilla: “le coloqué la pomada con mucha paciencia, masajeando un poco, y él me pide que le ponga también por el sexo porque aunque no le depilé ahí, sentía picazón. Ahí de nuevo me di cuenta que yo estaba pisando un terreno peligroso, y que tenía que reaccionar correctamente, como una mujer decente”, dice Dorita.
Entonces, lo puso en su lugar: “le pedí que por favor él se coloque en ese lugar, que por ética yo no puedo tocar el sexo de los clientes porque eso me compromete demasiado y que sepa comprenderme. Me preguntó si hay cámaras de seguridad en ese saloncito y le dije que no, y fue una trampa porque él en ese momento me dice que si no hay, cómo van a saber lo que pasa o no pasa ahí dentro. Le dije que a mí la cámara no me importa, que hay cosas que no me gusta hacer y que yo me manejo con mi moral y mis buenas costumbres”.
El muchacho no insistió: “me pidió que le ataje el frasco de la pomada y él comenzó a colocarse frente a mí, y yo tampoco podía mirar en otro lado porque iba a ser ridículo. Yo pensé que él hacía todo eso a propósito, pero no sabía por qué, ya que si le interesaba mi sobrina que es una chiquilina divina, por qué me hacía pasar por una situación eso. Cuando terminó le ayudé a vestirse y me preguntó si no podía acompañarle al sanatorio. Le dije que no, porque estoy en horas de trabajo”.
¿Y LA SOBRI?
Dorita se cuidó de no comentar con nadie lo que pasó con Chechi, ni en su trabajo y menos todavía en su casa: “por una cuestión de que era mi responsabilidad, esa noche, desde casa, le llamé a él y le pregunté cómo se sentía. Me dijo que así como yo le dije, fue una reacción alérgica pero muy leve, que le dieron de tomar antialérgicos y le dijeron que la pomada que le di era la mejor que había para esas cosas”.
Chechi le agradeció que se preocupe: “me dijo que viajaba temprano a Brasil, para la competencia, y que le gustaría llevarme con él. Me descolocó su propuesta. Le pregunté si era una broma y me dijo que claro que no, ¿y mi sobrina?, le dije, y él me dijo que yo no he de pensar que él quiere tener algo con Yolita, ya que era es una pendejita. Creí que viniste a mi casa porque querés ser su novio, le dije, y él me dijo que nada que ver, que ella estaba tomando clases en su gimnasio porque quiere ser modelo, y que le invitó para que conozca a su familia y nada más. ¿No te diste cuenta que vos sos la que me movés el piso?, me dijo”.
Dorita tragó saliva. A sus 34 años, estaba más asustada que nunca en su vida.
“Sé que me desea”
Dorita cuenta que se quedó sin palabras cuando Chechi le dijo que le “movía el piso”: “me quedé como una boba con el celular en la oreja, sin hablar, y él se dio cuenta de mi reacción y me dijo Dori, ¿vos te mirarte al espejo? ¿Te diste cuenta que sos una mujer sexy, linda, encantadora? Le dije que no me diga esas cosas porque no es así, yo no estoy para que nadie me mire, solo para trabajar, y además de un cliente del spa él tenía 23 años y yo 34, y no tenía sentido lo que me decía”.
El muchacho no reculó: “me dijo que no tiene que importarme la edad porque seguro yo conozco hombres de mi edad pero no por eso me gustan, además no tengo novio y él sabe porque le preguntó a mi sobrina. Le dije entonces, ya que le nombró a ella, que a lo mejor a él no le importaba Yolita, pero yo le veía ilusionada a ella con él. Entonces él me dijo que piense bien las cosas, porque él se dio cuenta que yo también me sentí atraída por él, ¿o creíste que me acaricié frente a vos por casualidad?, me dijo y se mató de risa”.
DOS SEMANAS
Ese fue el tiempo que duró la ausencia de Chechi. En esos días Dorita se sintió aliviada pero pronto tuvo ganas de verlo de nuevo: “mi mente me repetía sus palabras y yo cerraba los ojos y le veía desnudo frente a mí. Es que una mujer nunca se va a olvidar de un hombre al que le vio desnudo, y eso me pasaba a mí. Cuando él volvió no me llamó y eso me desesperó más, hasta que un viernes apareció por el spa y pagó una sesión de depilación conmigo”.
Llamaron a Dorita y ella entró a su saloncito y se encontró con el muchacho: “yo siempre llaveo la puerta, así que entré y él estaba detrás del biombo, llaveé y ahí él sale y directo viene junto a mí y me besa. Fue algo que no me esperaba, me asustó, pero no niego que me gustó también. Le pedí que salga y me dijo que pagó una sesión de depilación completa y que no se va a ir. Tuvimos sexo y se fue, y desde hace como ocho meses estamos así. El no me habla de noviazgo, no me dice que me ama, pero sí me desea y me busca para tener sexo conmigo. Yo estoy enamorada y tengo miedo de que él no me tome en serio y que me haga sufrir”, dice la mujer. FIN DE LA HISTORIA.
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