La historia de Fátima (32 años) es más bien común. Lo que no es nada común es la manera en que ella enfrenta la relación que tiene con Osvaldo, un hombre casado, de 37 años. Ella es una mujer soltera, y joven, pero ya tiene dos hijos, ambos de padres distintos. Trabaja en dos empresas, porque desde luego mantener a dos hijos sola no es nada fácil, más aún porque los dos ya están en la escuela. Ella quiere “la mejor” educación para ellos, dice, y por eso eligió una escuela privada muy conocida para ellos. Había dicho hace tiempo que ya no tendría relaciones con hombres, por temor a tener otro hijo. Pero conoció a Osvaldo, y finalmente, después de meses que él la anduvo cortejando, le dijo que sí... pero sólo para tener sexo con él.
Fátima es una mujer vital, alegre. Dice que pasó mal en la vida, pero que también tuvo la acompañó la suerte, y pese a que ya estaba con un hijo a los 17 años, pudo seguir estudiando. Ya cuando estaba a punto de terminar sus estudios, se embarazó de nuevo, y tuvo otro varoncito. Después de eso, se recibió y consiguió un buen trabajo. Actualmente, tiene un trabajo extra además, y con ese sueldo paga la mensualidad de la escuela. Luego de tener a su segundo hijo, su vida se convirtió en sólo trabajo y su rol de madre. Aunque también tiene amigas, sus compañeras de trabajo, puesto que tiempo para andar saliendo no tiene.
Igual, por más que no salía, el amor -o algo que se parece- se le presentó en su propio ambiente de trabajo. Aunque ella es sólo una de las secretarias de la empresa, fue la mujer que llamó inmediatamente la atención de Osvaldo, un enecutivo que fue en principio sólo para conocer el ambiente y adiestrar a otros colegas suyos acerca de una nueva promoción, pero que terminó quedándose a trabajar allí. Ciertamente, Osvaldo tiene acciones en la empresa donde trabaja, cuenta Fátima. Pero a ella eso no le interesaba ni eso, así que cuando el hombre la invitó a salir, le dijo que no.
“Yo lo único que quiero es tranquilidad, ya pasé bastantes golpes en la vida, aunque no me puedo quejar, porque mi familia siempre me apoyó, hasta cuando me embaracé de mi primer hijo, todos creían que yo era virgencita, pero hacía rato que estaba metida con un chiquilín que claro que no me iba a responder, pero yo estaba enamoradita, y bueno, yo misma luego le toqué todo mal, me fui junto a él en su casa cuando su mamá no estaba, le entré al estilo jakare en su pieza, y por supuesto que tuvimos relacions. Montón de veces pasó eso, hasta que me embaracé. Enseguida le conté a mamá, y ella le dijo a papá, y en fin, tuve mi hijo y seguí estudiando. Después tuve el segundo pero años después, y para cuando eso en mi familia ya estaban locos por el primer nene, y se pusieron felices al saber que venía otro. Ellos me bancaron todo, y papá me consiguió trabajo después de tener la criatura, seguí estudiando y me recibí. Por todo eso, cuando Osvaldo me empezó a mariposear, yo no quería saber nada, aunque me di cuenta que mis compañeras me envidiaban, ya que es un hombre lindo, muy lindo, y tiene un cochazo. Pero yo le dije que no quiero problemas”, cuenta.
LA PRIMERA SALIDA
Pero sin duda, a pesar de que no quería complicarse la vida, a ella no le era indiferente el hombre. Empezaron a llegarle ramos de flores, con tarjetitas sin nombre. Muy románticas, dice, pero le llamó la atención que Osvaldo no pusiera nunca su nombre en las tarjetas. Entones, cuando él le estaba pidiendo de nuevo que le acepte una salidita, según él, “inocente”, ella le preguntó sobre el tema.
“Lo que me gustó es que él no me mintió, ni un poco, me dijo que no puede poner su nombre en la tarjeta, aunque le gustaría y que no es nadie del trabajo, sino porque tiene esposa y no faltan los chismosos que le van a ir con el cuento. Me gustó su sinceridad, y me dijo él que seguro por eso ahora sí que ya no le voy a dar bolilla, pero que no me va a mentir. Le dije que está equivocado, que sí le aceptaba una cena si seguía queriendo, pero que creía que seguro no era de los que pueden ir a cenar con otra mujer, ya que está casado. Me dijo que no me preocupe, que él arregla sus cosas en su casa, y que nunca su esposa me va a molestar”, continúa contando.
Esa noche salieron. “El me trató como a una princesa, había sido ya tenía reservada una mesa, era un restaurante muy conocido, para gente fashion, y había una orquídea en la mesa, era para mí. En fin, me llenó de atenciones, y es vez ni me insinuó que quería acostarse conmigo. Me dijo que quería que nos conozcamos. Pasamos una linda noche, me hizo reír mucho, resulta que es simpático. Me preguntó todo sobre mí y le mostré las fotos de mis hijos. Me dijo que era una lástima que nos conociéramos recién, y le dije que por mí estaba bien, porque yo no buscaba enamorarme”, refiere nuestra entrevistada.
“HACÍA RATO NO TENÍA SEXO”
Pero cuando volvieron a salir, él la besó, y terminaron en un motel muy lujoso, es lo que cuenta: “él me trató mejor que en el restaurante, como si yo fuera una muñeca de porcelana que se podía romper, al final yo tuve que ser más directa que él, le dije que ya somos grandes, que yo tengo dos hijos y no soy de las que andan con vueltas. Me dijo que eso le gustaba mucho de mí, que no me hacía la santularia, y que su mujer en cambio es muy madre de sus hijos, pero como mujer es inexistente. Le pedí que no me hable de su señora, luego ya pasamos al sexo y todo fue muy bueno y largo, más de lo que me imaginé (se ríe) y bueno, después me llevó a casa, y al día siguiente, apenas llegué a mi trabajo me llamó y me agradeció por la noche que pasamos. Luego vino a la oficina, y me pasó un regalito, una joyita preciosa. Pero le dije que no tenía que hacer eso, que si me acosté con él es porque me gusta solamente y porque hacía rato no tenía sexo”.
“El no me tiene que decir que me quiere”
Fátima siguió su relación con el ejecutivo, pero antes de una tercera salida, le dijo que quería hablar en serio con él: “estábamos cenando y me dijo que luego podíamos irnos a hacer el amor. Le dije que primero necesitaba hablar con él de algo importante para mí. Se puso curioso, creyó que era por lo de su esposa seguramente, porque me dijo que en realidad él no tenía buenas relaciones con ella, y que aunque apenas nos estamos conociendo, ya sabe que se está enamorando de mí, y que si todo sigue bien, él no tendría problemas en separarse de su señora para que nosotros tengamos algo mejor que citas de amantes. Le dije que no me cuente nada de eso porque no me importa. Me miró sorprendido, me dijo que nunca conoció una mujer como yo, y que le diga qué quería. Le dije que para seguir con él, sólo precisaba que nos llevemos bien y que no espere nada de mí”.
El, cuenta nuestra entrevistada, le preguntó a qué se refería. “Aproveché y le dije que yo no me había metido con él en principio, cuando me andaba detrás, porque creía que era soltero y que me ia a complicar la vida. Que cuando me confesó que es casado, le acepté porque sabía que no me iba a traer problemas, y que así quiero seguir. Yo sólo quiero tener un hombre para de vez en cuando, le dije, y que si puede aceptar ser mi aventura, entonces podemos hacer trato y si no, no pero que igual ya le estaba agradecida por los momentos lindos que pasamos. Me dijo que sí, que si él sólo va a ser mi papito en la cama, va a ser eso, que no me considera una aventura, pero que si él eso para mí, no importa, con tal de que sigamos juntos”, refiere.
Y ahora, dice, le puso otra condición. “El no tiene que llamarme ni buscarme mientras yo no le llamo y le cito. Bajo esa condición yo cuando quiero tener algo con él, le aviso. Le llamo y le digo: si querés, nos encontramos ahora, me voy a un shpping, él se va en su auto, yo dejo en el estacionamiento el mío, y después de que hacemos el amor, él me deja otra vez allí. Porque mi vida está bien como está. Ya sabe también que no tiene que decirme que me quiere, nada de esas cosas porque cuandso se habla de amor, la tranquilidad se acaba, y para mí lo más importante son mis hijos”, termina diciendo.
3/10/10
“Por siete años he sido la mujer más cornuda”
Diario Popular
Quince años de convivencia con un hombre no aseguran nada, ni siquiera la decencia necesaria de terminar una relación de manera civilizada, como deberían hacerlo dos personas que se amaron y que trajeron al mundo niños que fueron concebidos en medio de palabras de amor y de promesas. Hoy, una mujer nos cuenta cómo luchó por retener a su lado al padre de sus hijos y cómo él la hizo a un lado: "estando embarazada de 5 meses me atropelló con su auto", confiesa.Se llama Catalina G.(38) vivió 15 años de concubinato con Germán D.(41), y si no se casó con él es porque el caballero jamás gestionó su divorcio de su primera esposa: "tuvimos tres hijos juntos. La última fue una nena que se murió diez días después de haber nacido", relata. Catalina dice que durante los 15 años de convivencia, ocho fueron de felicidad y los siete restantes: de cuernos. Por siete años yo he sido la mujer más cornuda y he aguantado por mis hijos y por la ilusión que tenía que él cambie y que valore su familia. Cuando yo le conocí mi concubino tenía hecho apenas el tercer grado, y como yo tenía vergüenza de estar al lado de un hombre sin estudios, le pagué la escuela y el colegio", asegura. Germán entró a trabajar en una empresa de telecomunicaciones, mientras nuestra entrevistada seguía manteniendo su puesto de funcionaria pública: "para meter más plata en la casa compramos un taxi que mi concubino trabajaba personalmente en sus horas libres y fue en esa epoca más o menos que se metió con una chiquilina que vivía a cinco cuadras de nuestra casa, acá en Mariano Roque Alonso". Doña Catalina se enteró de todo por boca de la esposa de un compañero de trabajo de su concubino: "además él venía tarde todas las noches, venía borracho, nunca me traía el dinero que ganaba con el taxi y los sábados siempre tenía que salir. Me decía que iba a farrear con sus amigos, pero yo sabía que me mentía", asegura.
AGRESIONES
Cuando Catalina recibió la noticia de la infidelidad de su marido, ya tenía seis meses de embarazo: "me decidí y me fui a la casa de la chica, para hablar con toda decencia con la mamá de ella. Pero había sido que es una señora que no tiene educación, y que me trató de manera grosera, y me dijo que yo lloraba por el t... de mi marido, y que si él quería acostarse con alguien más joven que yo ya nada se podía hacer". Nuestra entrevistada recuerda que solo atinó a decir: "por Dios, yo vine a comentarle lo que pasa para que su hija no se eche a perder, pero ya veo que a usted eso no le importa". La madre de la menor echó de su casa a Catalina, y a partir de ese momento comenzó a llamarla por teléfono a su casa: "se reía de mi por el teléfono. Yo le pedí que por favor me deje de llamar, y que si mi concubino prefería a su hija que sean felices y que me dejen en paz". Catalina creyó que había llegado el momento de enfrentar a Germán, y lo hizo: "le dije que sabía que andaba con esa chiquilina y que yo fui a su casa. El me dijo que yo armaba escándalo por nada, porque él ya había dejado de visitar a esa familia. Como no le creí le seguí ese sábado y vi cuando le alzaba en su taxi a la chica y a los padres de ella". Fuera de sí, Catalina le salió en el camino al auto, pero su concubino al reconocerla antes que frenar, aceleró el vehículo: "me agarré de la ventanilla, pero él me arrastró unos cuantos metros y hasta que finalmente me caí. Tuve golpes y moretones por todo el cuerpo, y me quedé allí tirada sin que él venga a ver lo que me pasaba, y eso que yo estaba embarazada", cuenta. Catalina fue a Emergencias Medicas porque quería una prueba para demandar a Germán. Le hicieron un certificado médico, le sanaron las heridas y ella volvió a su casa: "esa noche él no vinó a dormir. Al día siguiente le dije a todo el mundo que me caí de las escaleras y recién al mediodía hablé con él. Le dije que no le iba a denunciar, pero que él tenía que pensar muy bien en lo que iba a hacer para resolver el problema". El concubino volvió a su casa, pero cada vez se quedaba menos tiempo: "abrí su ropero y me di cuenta que ya estaba comenzando a llevar su ropa", dice Catalina.
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“Mi bebita murió y él se casó con su amante”
Las cosas no habían mejorado mucho, pero se pusieron de nuevo mal cuando por una llamada telefónica Catalina supo que su concubino había llevado a su amante a una casita: "Alquiló ese lugar con su compañero de trabajo que también era casado, pero que tenía una amante, y allí se encontraban los cuatro", cuenta.
Apenas Catalina le reclamó a su concubino, él tomó las últimas ropas que tenía en la casa y se fue definitivamente: "Recibí una citación judicial donde me decían que la mamá de la chica me llamaba a un comparendo. Yo ya estaba por tener a mi hijo, pero de todas formas llamé a mi abogada y me fui al juzgado. El juez cuando vio mi estado y cuando la señora le dijo que tenía un problema conmigo porque su hija tenía un amorío con mi pareja, se puso contra ella. Le dijo que no tenía que haberme molestado en mi estado".
Esta audiencia fue un chasco para la "suegra" del concubino: "El juez le dijo que le prohiba a su hija que vea a mi esposo porque él tenía un compromiso muy serio conmigo. Le dijo que ella tenía la obligación de cuidarle a su hija que era una menor".
Dos días después de esta audiencia, Catalina dio a luz en el IPS a una bebita que tuvo que quedarse en la incubadora porque nació con presión alta: "Nueve días después me entregaron muerta a mi bebita. Yo estaba destrozada, desesperada, y en esa situación volví a recibir a mi concubino. Hasta el mes de abril pasado vino a dormir en casa, pero un día me dijo que tenía que viajar a Ciudad del Este porque posiblemente le iban a trasladar. El se fue, y una semana después me enteré que se casó con su amante", afirma.
Catalina asegura que el matrimonio de Germán es "mau" porque él jamás se divorció de su primera esposa, y termina contando cuanto sigue: "En su trabajo le pagaron nueve millones de guaraníes por la muerte de mi hija. Con ese dinero él compró para el vestido de novia de la chica y ni siquiera me ayudó para pagar el entierro de la criatura, pero yo digo que existe la justicia divina, va a llegar el día en que va a pagar muy caro todo el daño que me hizo a mi y a sus hijos también", finaliza diciendo.
AGRESIONES
Cuando Catalina recibió la noticia de la infidelidad de su marido, ya tenía seis meses de embarazo: "me decidí y me fui a la casa de la chica, para hablar con toda decencia con la mamá de ella. Pero había sido que es una señora que no tiene educación, y que me trató de manera grosera, y me dijo que yo lloraba por el t... de mi marido, y que si él quería acostarse con alguien más joven que yo ya nada se podía hacer". Nuestra entrevistada recuerda que solo atinó a decir: "por Dios, yo vine a comentarle lo que pasa para que su hija no se eche a perder, pero ya veo que a usted eso no le importa". La madre de la menor echó de su casa a Catalina, y a partir de ese momento comenzó a llamarla por teléfono a su casa: "se reía de mi por el teléfono. Yo le pedí que por favor me deje de llamar, y que si mi concubino prefería a su hija que sean felices y que me dejen en paz". Catalina creyó que había llegado el momento de enfrentar a Germán, y lo hizo: "le dije que sabía que andaba con esa chiquilina y que yo fui a su casa. El me dijo que yo armaba escándalo por nada, porque él ya había dejado de visitar a esa familia. Como no le creí le seguí ese sábado y vi cuando le alzaba en su taxi a la chica y a los padres de ella". Fuera de sí, Catalina le salió en el camino al auto, pero su concubino al reconocerla antes que frenar, aceleró el vehículo: "me agarré de la ventanilla, pero él me arrastró unos cuantos metros y hasta que finalmente me caí. Tuve golpes y moretones por todo el cuerpo, y me quedé allí tirada sin que él venga a ver lo que me pasaba, y eso que yo estaba embarazada", cuenta. Catalina fue a Emergencias Medicas porque quería una prueba para demandar a Germán. Le hicieron un certificado médico, le sanaron las heridas y ella volvió a su casa: "esa noche él no vinó a dormir. Al día siguiente le dije a todo el mundo que me caí de las escaleras y recién al mediodía hablé con él. Le dije que no le iba a denunciar, pero que él tenía que pensar muy bien en lo que iba a hacer para resolver el problema". El concubino volvió a su casa, pero cada vez se quedaba menos tiempo: "abrí su ropero y me di cuenta que ya estaba comenzando a llevar su ropa", dice Catalina.
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“Mi bebita murió y él se casó con su amante”
Las cosas no habían mejorado mucho, pero se pusieron de nuevo mal cuando por una llamada telefónica Catalina supo que su concubino había llevado a su amante a una casita: "Alquiló ese lugar con su compañero de trabajo que también era casado, pero que tenía una amante, y allí se encontraban los cuatro", cuenta.
Apenas Catalina le reclamó a su concubino, él tomó las últimas ropas que tenía en la casa y se fue definitivamente: "Recibí una citación judicial donde me decían que la mamá de la chica me llamaba a un comparendo. Yo ya estaba por tener a mi hijo, pero de todas formas llamé a mi abogada y me fui al juzgado. El juez cuando vio mi estado y cuando la señora le dijo que tenía un problema conmigo porque su hija tenía un amorío con mi pareja, se puso contra ella. Le dijo que no tenía que haberme molestado en mi estado".
Esta audiencia fue un chasco para la "suegra" del concubino: "El juez le dijo que le prohiba a su hija que vea a mi esposo porque él tenía un compromiso muy serio conmigo. Le dijo que ella tenía la obligación de cuidarle a su hija que era una menor".
Dos días después de esta audiencia, Catalina dio a luz en el IPS a una bebita que tuvo que quedarse en la incubadora porque nació con presión alta: "Nueve días después me entregaron muerta a mi bebita. Yo estaba destrozada, desesperada, y en esa situación volví a recibir a mi concubino. Hasta el mes de abril pasado vino a dormir en casa, pero un día me dijo que tenía que viajar a Ciudad del Este porque posiblemente le iban a trasladar. El se fue, y una semana después me enteré que se casó con su amante", afirma.
Catalina asegura que el matrimonio de Germán es "mau" porque él jamás se divorció de su primera esposa, y termina contando cuanto sigue: "En su trabajo le pagaron nueve millones de guaraníes por la muerte de mi hija. Con ese dinero él compró para el vestido de novia de la chica y ni siquiera me ayudó para pagar el entierro de la criatura, pero yo digo que existe la justicia divina, va a llegar el día en que va a pagar muy caro todo el daño que me hizo a mi y a sus hijos también", finaliza diciendo.
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