Después de asegurarse que tendría la protección que necesitaba para animarse a relatar los episodios que hoy forman parte de su vida secreta, un hombre que se considera afortunado por tener “la mejor mujer del mundo”, cuenta cómo cayó rendido ante los encantos de la mejor amiga de su esposa.El dice que en estos momentos camina sobre “techo de vidrio”, y que en cualquier momento todo podría descubrirse.
Alejandro V.(37) trabaja en una oficina privada, se casó hace 3 años con Lucy D.(33), tiene con ella una bebita que actualmente cuenta con diez meses, y vive con su familia en un departamento que alquilan en el barrio San Pablo de Asunción.
Lucy, la esposa de Alejandro, enseña aerobics en un gimnasio y además enseña Educación Fisica en un jardín de infantes:”De allí le vine a conocer a Leila, que es su compañera en el gimnasio.Ella es joven y despreocupada, y la verdad es que yo me dejé llevar por sus atractivos”, cuenta.
Leila C.(27) comenzó a frecuentar la casa del matrimonio a mediados del año pasado. Su tía es dueña del gimnasio donde trabaja Lucy, y ambas se hicieron tan buenas amigas, que pronto la muchacha se sumó a los asados domingueros y las salidas nocturnas: “Mi esposa y yo tomamos como única distracción salir a comer fuera los fines de semana, y como Leila nos decía que se aburría en su casa la invitamos”, cuenta Alejandro.
Para entonces Lucy, ya estaba embarazada, y entonces solía pedir a su marido que saque a bailar a su amiga porque ella no quería arriesgar al bebé: “Empezamos inocentemente, porque ni yo ni ella teníamos intenciones de llegar más lejos.Yo siempre digo que tengo la fortuna de tener la mejor mujer del mundo a mi lado, y para mí no hay nadie que le pueda igualar”, asegura.
ROMANCE
Cuando Lucy cumplió 6 meses de embarazo, tuvo una hemorragia que la apartó de su trabajo:”El médico dijo que tenía que guardar un estricto reposo porque podía tener un parto prematuro y la criatura todavía estaba en formación. Entonces Leila comenzó a pasar más tiempo en nuestra casa, y por allí surgió todo”, cuenta.
Alejandro dice que una noche de sábado en que su esposa pidió disculpas y se retiró a descansar, él se quedó solo con Leila viendo una película: “El ambiente fue lo que nos empujó, porque de repente la pelicula comenzó a subir de tono y los dos nos pusimos incómodos. Para pasar el momento yo me fui a traer cerveza, pero cuando volví me senté a su lado y le dije si me permitiría hacer algo muy loco. Ella me dijo que sí y yo la besé”, confiesa.
Antes que protestar por la actitud del esposo de su amiga, Leila le siguió el juego y fue él quien tuvo que terminarlo: “Le pedí perdón, pero yo sabía bien que era desubicado porque ella se me entregó mansita.Le dije que eso no estaba bien, que era la casa de mi esposa y que teniamos que respetar. Ella se levantó, agarró su bolso, y se fue”, recuerda.
Alejandro asegura que se apartó de Leila para evitar las tentaciones: “A mi esposa le sorprendió que cuando venía Leila yo me iba, o no participaba mucho de las reuniones. Y después también le dije que quería pasar más tiempo con ella, y que por ahí teníamos que dejar de invitarle a su amiga para que podamos tener un poco de intimidad”.
El hombre cuenta que esta actitud suya al parecer enloqueció a la muchacha, y que comenzó a ser perseguido por ella: “Una siesta le encuentro que me está esperando en el estacionamiento del trabajo.Allí ya no tuve fuerzas para luchar: Nos fuimos a un reservado y pasó lo que tenía que pasar. Era algo irremediable, porque yo sabia que eso me iba a condenar”, afirma.
Lo que más sorprendió a Alejandro es que después de aquella relación, Leila se pegó más que nunca a su esposa:”Yo comencé a tener miedo, porque ella practicamente su mudó a nuestro departamento y cuando me encontraba en el pasillo o nos cruzabamos, se me tiraba encima y me acariciaba”, confiesa.
“Estoy pagando muy caro este desliz”
Alejandro dice que su esposa es muy confiada, y que por el contrario de otras mujeres que espían las llamadas telefónicas de sus maridos y que revisan sus billeteras, ella jamás lo hizo: “ella nunca captó nada, pero cuando llegó a su último mes de embarazo comenzó a estar más delicada y entonces decidió ir a pasar en casa de mi suegra”, cuenta. El hombre confiesa que al principio se opuso a la idea, pero que cuando ella le preguntó por qué, él no encontró ninguna respuesta a mano: “¿qué le iba a decir? Yo sabía muy bien que si ella dejaba el campo libre, la otra no me iba a dejar en paz. Yo mismo le llevé a mi señora a casa de mi suegra y Leila también le acompañó”, cuenta. “Yo decidí no irme con mi señora, porque no me llevo bien con mi suegra y también porque no podíamos dejar la casa sola”. El hombre asegura que quiso zafar su relación con Leila, pero no pudo: “en esa oportunidad, aproveché para hablar seriamente con Leila. Resulta que una vez de madrugada me suena el timbre del departamento, voy y abro y le encuentro a ella.Ya que no le iba poder echar, entonces le hice pasar y le dije que teníamos que arreglar nuestro asunto. Le dije que tanto yo como ella teníamos un compromiso con Lucy, yo por ser el marido y ella por ser la esposa. Leila comenzó a llorar y me dijo que ella también sufría mucho con la situación, pero que me quería, y que no sabía que hacer. Yo creo que era sincera, y decidimos que cuando nazca la criatura le ibamos a respetar”, cuenta. Nuestro entrevistado dice que cumplieron ese pacto: “hasta el momento hemos cumplido. Ella se me quiso acercar en varias oportunidades, pero yo no le deje. No quiero perder mi familia, y ahora mismo estoy pagando caro ese desliz, porque si Leila le cuenta algo a mi señora, mi vida se va a destrozar”, termina diciendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario