En una colonia de Itapúa vive una familia que tiene seis hijos, todos varones, y todos llevan primero el nombre “Sebastián”, porque así se llamaba el bisabuelo que vino de Brasil y se instaló en la colonia. El mayor de los “Sebastianes” tiene 29 años y ya está casado, y el menor tiene 14 años. Los padres de los muchachos tienen una pequeña procesadora de alimentos y les va tan bien que pueden llevar sus productos a Argentina y Brasil. En la familia nunca hubo problemas mayores hasta que algo pasó: el tío de los muchachos se enamoró de una viuda encarnacena que casualmente, era profesora de uno de los Sebastianes…
Quien cuenta esta historia es el “Sebastián” que tiene 23 años y que está estudiando la carrera de contables en Encarnación. A él le dicen “Lito”, y tiene un pequeño defecto en la pierna causada por un accidente que tuvo cuando era niño: “me caí de un tractor y me rompí”, cuenta.
Eso hace que renguee un poco, pero eso nunca le acomplejó porque sus padres y hermanos jamás le hicieron sentir diferente: “yo soy el tercer hijo, y después de mí vienen los otros tres que son menores. Mis hermanos mayores ya tiene título universitario, yo y otro hermano estamos en la facultad y los dos menores en el colegio. Para mis padres primero es el estudio, y después el trabajo”, cuenta.
Él cuenta que con la familia trabaja un tío que es el hermano menor de su papá, y que desde hace siete años vive con ellos: “tío Elvin tiene 37 años y un tipo formidable es, es muy tímido nomás”, asegura.
LA PROFE
Fue el propio Lito quien le pidió a su tío que lo acompañe en un sepelio, a principios de este año: “no quería ir solo y mis compañeros de facultad me dijeron que no iban a ir. Resulta que falleció el marido de una profesora nuestra, y yo le sentí mucho porque yo sabía que ellos no tenían hijos y que ella se iba a quedar sola”.
La profe se llama Alicia y siempre sonreía con cortesía a Lito: “yo le ponía 44 años, pero había sido tiene 48 años. Linda tipa es, y tenía fama de que le gustaban los pendejos pero pura macana es, porque nunca se le vio con nadie. Su marido era más joven que ella, 41 tenía cuando falleció de un ataque, y a mí me afectó y quise ir a darle los pésames y a acompañarle”, dice.
El tío Elvin se vistió elegante y obligó a Lito a que también se vista así: “me dijo que no podía irme en vaquero a un sepelio, por respeto al fallecido y a la familia, y entonces me puse una camisa y un pantalón de vestir porque lo que yo quería es que se vaya conmigo. Llegamos a la casa cuando estaba por salir la caravana y creo que mi tío se quedó impactado con la profe desde que le dio los pésamos. Cuando nos subimos de vuelta al vehículo para ir al cementerio, él me comenzó a hacer preguntas sobre ella, quería saber todo más o menos, y yo también le di alas y le dije que si le gustaba, que el difunto ya le dejó el camino libre”.
Después del entierro, Lito quiso volver a la colonia pero su tío no: “me dijo que por educación hay que ir a compartir con la viuda, no hay que dejarle sola, y como no le iba a poder convencer de irnos ya, le acompañé. En la casa de mi profe se hizo una especie de merienda para los amigos más íntimos, y como mi tío no se separaba de la profe yo me fui a ayudar a hacer café en la cocina”.
Lito recuerda que de repente, su profe viuda entró y lo encontró ahí: “me agradeció que le esté ayudando con el café porque estaban llegando más personas, y yo otra vez le dije que lamentaba mucho su pérdida. Ella me dijo que hay algo que me quería contar porque yo siempre fui su alumno preferido, y quería que yo sepa. Le pregunté qué era y me dijo que su marido murió por su culpa, porque ella le dijo que quería separarse de él, y que a las dos horas de eso le dio el ataque”.
Aunque un poco sorprendido por la revelación, el universitario le aseguró que seguramente “llegó nomás su hora”.
VISITAS
Lito cuenta que desde el sepelio, su tío y él visitaban mucho la casa de la profe: “yo le dije a mi tío Elvin que se vaya solo si quiere, que yo no le acompaño más porque mis compañeros comenzaban a llamarme cepillero, porque pasan los sábados y veían mi vehículo frente a la casa de la profe. Mi tío se fue y se quejó con mi papá, y mi papá habló conmigo y me pidió que le ayude a mi tío a acercarse a esta señora porque él estaba muy solo y por fin se enamoró de alguien”.
Aunque le daba rabia que su tío sea tan chiquilín, Lito siguió acompañándolo en sus citas con la profe: “yo le decía a tío que le apriete de una vez, porque esas meriendas de mierda no me bancaba más, y un sábado pasó mi compañero a buscarme y yo les dejé solos. Después le envié un mensaje a tío y le dije que le bese, y que si a ella no le gustaba le iba a decir y nos íbamos a dejar de perder nuestro tiempo. El me hizo caso y esa noche se puso de novio con la profe, pero yo tenía miedo porque en la facultad sentía que ella no me sacaba los ojos de encima”, asegura.
“Siempre me vigilaba”
Lito se da cuenta hoy, que aquellas miradas penetrantes de su profe Alicia, tenían un significado: “yo no quise ver lo que era evidente, prefería hacerme el ñembotavy, pero apenas yo hablaba con una compañera y ella ya me llamaba para decirme cualquier vyrorei. Un compañero llegó a decirme que la profe no parecía la novia de mi tío sino mi novia, porque siempre me estaba vigilando”.
Por otra parte, el tío Elvin estaba teniendo sus propios problemas amorosos: “un domingo le llevó a mi profe para presentarle a la familia. Se hizo un almuerzo y toda mi familia le recibió muy bien. Cuando ella conoció a mis hermanos dijo que son churros igual que yo, y eso fue desubicado, porque mi papá me miró y se notó que no le gustó lo que escuchó. A mi tío no le molestó pero porque él está más ciego que yo”, asegura.
EL “PLAN”
Lo que Lito resolvió fue alejarse lo más posible de la profe Alicia: “ya no me fui más a su casa y a tío cuando me hinchó las bolas, le dije que yo tampoco le estaba pidiendo que me acompañe a casa de mi novia. El me preguntó si tengo novia y le dije que sí, porque es la verdad, ya que una compañera de curso me invitó a su casa y se me declaró, me dijo que me quería, y yo le acepté como novia porque me asustó luego su declaración. Mi tío le contó a su novia, a la profe, y a la semana siguiente que tuvimos un examen ella le aplazó a mi novia”.
Lito estaba seguro de que lo hizo a propósito: “mi novia es mejor alumna, todo excelente es su nota, y no podía ser que se aplace. Un viernes de noche yo fui a casa de la profe a la salida de la facultad, me fui a cantarle las cuarentas más o menos, y ella me recibió en camisolín y dijo que gua’u estaba acostada, pero yo le llamé avisándole que iba a pasar por su casa así que se vistió así a propósito. Ella me dijo que le siga a la cocina, y cuando caminaba yo podía ver sus nalgas porque su camisolín era transparente”, asegura.
continuara...
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